miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz 2015.

   Despido hoy un año que, de nuevo, nos ha traído más tristezas que alegrías. Unos pocos buenos momentos no han sido capaces de compensar la enorme cantidad de injusticias que "los de abajo" hemos tenido que afrontar en el 2014. Por no hablar de las ausencias que nos deja. Irrecuperables. 
   Y no, amigos a los que os va bien, no puedo mirar para otro lado, ni consolarme viendo la alegría de "los de arriba", ni pensar que la vida me va fenomenal porque lo dice un impresentable que sale por la tele. Todas y cada una de las cosas a las que me enfrento tienen culpables, con nombres y apellidos, así que ni siquiera puedo consolarme pensando que lo que me sucede es obra del destino. Yo sé que a muchos os vendría bien pensar que denuncio cuestiones genéricas porque así podríais seguir diciendo que exagero. Pero resulta que no. Vaya. Qué pena, ¿no? Los que toman las decisiones viven felices mientras, a mi alrededor, mis propios amigos sufren y mueren. 
   A vosotros, a los que os va bien, deseo que el nuevo año os traiga un poco de compasión y muchas ganas de cambiar el mundo. Pero ganas de verdad, no de las que se comentan en foros en los que uno puede lucirse sabiendo que vuestras palabras se las va a llevar el viento. Confío en que el nuevo año os traiga menos lucimiento y más compromiso. Ojalá. 
   Y, por supuesto, de todo corazón, espero, deseo y anhelo que este año sea infinitamente mejor para los que sufren. Sé que para algunos la idea de volver a ser felices se ha vuelto un imposible, y pienso especialmente en mi amigo Francisco y en Maruja. Os he tenido presentes cada segundo de estos días tan significativamente vacíos y espero que el nuevo año os traiga mucha paz y un poco de justicia. Este fin de año está marcado por el recuerdo de nuestra querida Olga y no hay fiesta, ni deseo, ni promesa, que pueda hacernos olvidar que ya no está con nosotros. Sólo nos queda esperar que el 2015 sea un poco más benévolo que los años anteriores. Esperemos. 
   Así pues, feliz 2015 para todos. 
   Y esta noche no me busquéis en ninguna fiesta, porque no tengo nada que celebrar. Nos vemos en las trincheras. 
   Besos para todos.

viernes, 15 de agosto de 2014

... y todo.

   Ese momento mágico en el que te ofreces a cogerle a alguien el bajo de un pantalón y te dice: "Jo, claro, porque tú tendrás dedal y todo".

   Y todo... Tengo hasta tijera.

   Entonces te das cuenta de que tu mundo viejuno está lleno de objetos que no son tan cotidianos como a ti te parecía. Y observas que la habilidad de alargar la vida de una prenda, colgar un cuadro o arreglar una grieta de la pared, te da una especie de súperpoder sólo reservado a la gente independiente. Don escaso.

   La máquina de coser y el taladro serán al siglo XXII lo que la espada y el escudo al nuestro.

   Mundo viejuno. ¿Cuál es nuestro siglo?

miércoles, 28 de mayo de 2014

Votamos porque podemos. Y punto.


   Es lamentable que los políticos no hayan entendido el mensaje. Los ciudadanos no les quieren. Y punto. Da igual si hablamos de los votantes de los partidos emergentes o de abstencionistas. Un 75% de la población no está de acuerdo con las políticas que nos han gobernado en los últimos años y se acabó. No hay más que hablar. Sacarle punta a los programas de los pequeños está de más, sobre todo cuando van a tener que jugársela con la extrema derecha en un parlamento que no es el nuestro. Los análisis que se están haciendo sobran de todas-todas.
   ¿Por qué no analizan, más bien, sus propios programas? ¿Por qué no se ponen a destripar la ingente cantidad de mentiras y mentiras y mentiras que vierten en sus promesas? ¡¡A ver si ahora vamos a tener que creernos los programas electorales!! ¡¡No me fastidies!! ¡¡Que si realmente fuesen una herramienta seria el PP al completo debería estar encarcelado por fraude electoral!!
   Además, ¿quién tenía claro su voto para estas elecciones? Sólo los acólitos de los grandes. A los demás nos daba igual una X que una P, lo único que buscábamos era un cambio razonable. Así que hale, señores gobernantes, dejen ya de decir tonterías y pónganse a trabajar, leñe, que les importa un bledo lo que piensan los ciudadanos y no nos han dejado otra opción que tirarles el voto a la cara.
   Que lo sé yo, que si en los colegios hubiese habido papeletas de Clemente, la gente también le habría votado, porque cualquier cosa es mejor que la basura que tenemos ahora sentada en los distintos parlamentos del país.
   ¡¡Pero si hasta la Espe ha vuelto a provocarmos parándose de nuevo en la Gran Vía!! Eso sí, esta vez lo ha hecho con una escolta de chorrocientos coches oficiales para que nadie pudiese decirle ni “mú”. Hay que ser sinvergüenza… Dejen ya de creerse por encima del bien y del mal y tengan, al menos, la decencia de esconder sus miserias.
   Provocar, provocar, provocar… Es muy triste que los españoles tengamos una raza política con tan poca vergüenza.
   Por lo demás, no se puede sacrificar diariamente a cientos de ciudadanos sin consecuencias. No nos escuchan cuando salimos en masa a las calles, así que no podíamos hacer otra cosa que decirles lo que pensamos en las urnas. Pero claro… resulta que eso tampoco les parece bien. Qué ejemplo tan bonito de democracia. Yo es que, de verdad, no sé dónde meterme cuando les escucho decir tantas tonterías.
   ¡¡Pero qué bien sienta verles sufrir una derrota no reconocida!! Tal vez, incluso, “sus señorías” hayan pasado alguna noche sin dormir. Nunca será tan grave como quedarse sin trabajo, sin casa y sin futuro… Así, como nos hemos quedado muchos gracias a sus decisiones… Pero bueno, al menos les hemos provocado un principio de úlcera. Es un pequeño consuelo.
   Habría preferido ponerles de patitas en la calle, pero ya falta menos.
Foto de ANA DE ANDRÉS.

jueves, 8 de mayo de 2014

La siesta de Clemente.

   Este perro es un cotilla y, aunque esté muerto de sueño, no quiere perderse nada.



   Pero al final cae, como todos...


miércoles, 23 de abril de 2014

Descanse en paz... en mi sofá

   Hoy es el Día del Libro. Hoy tenemos unos cuantos autores menos y, entre ellos, hoy nos falta Gabriel García Márquez, ese contador de historias que, vaya usted a saber por qué, de vez en cuando viene y se sienta en mi sofá. ¿Cómo lo hace para salir de sus libros y leerme sus historias desde la silla de al lado? Es magia.
   No sé por qué, pero no leí Cien años de soledad en el instituto. Nunca nadie me obligó a hacerlo. Tal vez fue porque en aquella época yo era de “ciencias” y sólo leía por placer. ¡Y mucho! 
   Mi primer contacto con la literatura de Gabriel García Márquez me llegó de las páginas de El amor en los tiempos del cólera, uno de mis libros favoritos. Se convirtió en un imprescindible así, sin más, de manera natural y desde las primeras líneas, como todos los libros de este impresionante narrador que tiene el don de atrapar a los lectores aún cuando las historias son densas y a uno le parece que no le van a interesar.
   Pero bueno, en este caso ya sabemos cuál es el truco. Sería de mala educación cerrar el libro y levantarse cuando es el propio autor el que te lo está leyendo… Y de esta manera sucede que uno abre un relato sobre conflictos políticos en Colombia, por poner un ejemplo, y oye, que sigues y sigues y sigues a pesar de estar metiéndote entre pecho y espalda la historia de un secuestro. En un primer momento a uno le parece que el tema va a ser difícil de tragar, pero no hay nada como escuchar a alguien contar una historia con emoción y con un ritmo de esos que te atrapan.
   ¿He dicho "escuchar"? Vaya. Gabriel García Márquez, siempre mágico. Quería decir “leer”, ya lo sabéis. O tal vez no, no lo sé. La verdad es que sigo sin averiguar si lo de Gabriel García Márquez yo lo leo o lo escucho. Es un misterio.
   Y a pesar de tenerte aquí, sentado en mi sofá, hace mucho que te echo de menos, Gabo. Sigo esperando la segunda parte de tu autobiografía. Llevo años en ascuas porque se te olvidó contarme qué te contestó Mercedes a la “nota de juguete” que le escribiste en el avión. El tiempo se me ha hecho eterno esperando que siguieses leyéndome tus milagros.
   Ese cáncer que te enseñó a vivir me dejó sin tus palabras. La enfermedad te hizo entregarte por completo a tu mundo, a ese lugar en el que “las cosas más maravillosas eran siempre cotidianas”, y tu relato pendiente no viajó ya nunca más hasta mi casa. Te ganaron los amigos y te perdimos los lectores. Ahora ya sólo me lees las historias que escribiste hace años, pero me he quedado sin conocer el final de la tuya propia.
   Ahora sólo me queda confiar en que tu familia quiera compartir conmigo esas páginas inacabadas.
   Te espero. Ahí tienes mi sofá. No tardes en llegar.

martes, 1 de abril de 2014

El chino que no tenía que haber sido un chino

   Vi el 5 a la izquierda… el 10 a la derecha. ¡Por fin! Ahí estaba el almacén. Después de casi una hora buscando la calle, había llegado al local en el que tenía la entrevista de trabajo. Justo en ese momento una mujer salía por la puerta del comercio y subía a un coche en el que la esperaba una amiga. No había ningún otro sitio libre, así que me puse detrás para ocupar el hueco que iban a dejar. La mujer encendió un cigarrillo. Los minutos se me hicieron eternos y no perdí de vista la cara de disgusto que me llegaba desde su retrovisor. La vi negar con la cabeza y apretar los labios. Le decía algo a su amiga, respiraba y, por fin, ponía el coche en marcha.
   Aparqué y entré en el almacén.
   Junto a la puerta me encontré con dos chinos que charlaban en una mesa alta de bar. Uno de ellos me abordó y me preguntó a qué había venido. “Tengo una entrevista”, le dije. Con la mano le hizo un gesto a otro chino y se volvió a sentar. No entendí muy bien si eran guardaespaldas o si lo único que mataban era el tiempo. Observé mientras esperaba.
   Tuve la impresión de haberme equivocado de dirección. Aquel almacén no tenía nada que ver con lo que esperaba. Dos días antes había solicitado un empleo para un comercio de “Moda Infantil”. En esta nave se alineaban docenas de estantes con miles de objetos de bisutería de venta al por mayor. Varios hombres paseaban por el local mientras dos chicas jóvenes trabajaban con abalorios de colores y unos alicates. Todos ellos chinos. Imagino que los alicates también.
   Unas horas antes, al consultar la manera de llegar al local, ya habíamos pensado que podía tratarse de una empresa de chinos, pero no quería creerlo. La oferta no parecía encajar del todo en ese estilo: un almacén de Moda Infantil busca a una persona responsable que se encargue de realizar trabajos de administración y de generar contenidos para la web. Que maneje perfectamente el paquete office y photoshop. Imprescindible nivel alto de italiano e inglés y disponibilidad absoluta para viajar a ferias del sector. Suficiente con nivel medio de francés.
   No. La descripción no parecía la de una tienda de chinos. Había llegado a sentirme culpable por mis prejuicios. Pensé que mi perfil podía encajar en la oferta y, sin más, solicité el puesto. Pero, en ese local… ¿dónde estaba la moda infantil?
   Por fin llegó un chino que me hizo pasar a la zona de administración. Era un señor bajito, de edad indefinida y vestido de manera informal. La oficina ocupaba un espacio diáfano y contaba con varias mesas de trabajo. Una española tecleaba rápidamente en el ordenador que estaba justo a mi lado. Frente a mí, unas paredes sucias que me hicieron recordar el “kit de limpieza” que guardaba en mi cajón de la tele. Aquí habría necesitado añadirle litros de lejía y algo de temple. Empecé a sentirme tan cutre como el entorno y por un segundo tuve conciencia de haber caído muy bajo. Fue entonces cuando supe que tenía que salir de ahí.
   El chino empezó a hacerme preguntas que respondí sin el más mínimo interés. Si lo notó, o no lo notó… a mí no me importa. ¿Qué hacías en tu anterior trabajo? Poca cosa. ¿Qué era lo que más te gustaba? Dar clase. ¿Hablas italiano? Perfectamente. ¿E Inglés? Me defiendo. ¿Eso qué nivel es? Pues mire, no lo sé. ¿Pongo nivel negociación? Ah, de acuerdo, negociación me puede valer. ¿Tienes disponibilidad para viajar? Absoluta. ¿No tienes hijos? No. ¿Y cuántos años tienes? 40 ¿Y no tienes hijos con 40 años? No. ¿Y eso? Que no he podido. ¿En serio? ¿Querer no es poder? Será, yo no lo sé. ¿Te tomas en serio tu trabajo? Mucho. ¿Cuántas fotos de joyas crees que podrías hacer al día? Uy, pues no sé, eso habría verlo, no se me ocurre una cifra concreta. ¿Y cuánto quieres ganar? Mínimo mil euros netos al mes. Máximo no tengo.
   En ese momento la secretaria parpadeó a cámara lenta e inclinó la cabeza ligeramente hacia atrás. Me arrepentí de no haber dicho mil quinientos, con eso me habría podido ir antes y evitar la charla sobre la calidad de las fotos de la web. Porque el chino, tal vez pensando que le iba a halagar, puso mucho interés en saber cuál era mi opinión profesional sobre las imágenes del catálogo.
- Están bien mentí, aunque son un poco planas. Las piezas tendrían que tener un poco más de volumen y mostrar mejor la calidad de los productos.
- ¿Quieres decir sombras?
- No, sombras no, volumen, algo más de tridimensionalidad.
- Ya, pero es que queremos fotos elegantes. Mira qué bonito el brillo del metal.
- Bueno, precisamente los brillos es lo primero que hay que evitar en joyería, porque no dejan que se vean la textura y el color de los materiales.
- En realidad estas fotos no las hace un profesional, ¿sabes? Las hace… un…un... uno. ¡Y ha mejorado muchísimo! ¿Verdad que sí? – En ese momento miró a la chica que trabajaba en el ordenador del rincón. Ella, educadamente, asintió con la cabeza y evitó levantar la mirada del teclado.
   El chino pasó entonces a mostrarme las fotos más antiguas, las de antes de mejorar, unas imágenes oscuras en las que apenas se distinguían los detalles de los colgantes. Y supe al verlas que el "uno”, ese fotógrafo de la tribu de Aníbal que no era profesional, era él mismo.
   Fue entonces cuando le dije, “mire, no quisiera hacer esperar a la persona siguiente, creo que tendrá usted que preparar otra entrevista”. Me miró con sorpresa, se levantó de la silla y me contestó “sí, tienes razón, en un par de semanas te llamamos para darte la respuesta”. Y, ni corta ni perezosa, en ese estilo imprudente que me caracteriza le dije, “en realidad, no hace falta que me llame, si me envía usted un correo ya me parece bien”…
   El chino se quedó patidifuso, le di la mano y me marché.
   Abandoné Chinatown rápidamente con la esperanza de no tener que volver. Mi expectativa de trabajar como gestora de contenidos de una web de moda infantil quedaba en la papelera de un chino, junto a piezas de alambre, plumas y bolas de plástico.
   Todavía no he caído, pensé. Todavía no.
   O, al menos, eso espero…

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viernes, 28 de marzo de 2014

Los titulares de ayer.

   Leo los titulares de ayer y me sonrojo al pensar que, a pesar de todo, vas a encontrar una excusa para seguir votando al PP. No dudaste en creerte las teorías conspiranoicas y las sigues defendiendo ahora que sabes que son un insulto. Alguna otra se te ocurrirá para no sentirte culpable por votar lo que votas.

   Pero permíteme que yo siga sin entenderte.

   Y es que a este gobierno le importa un bledo el sufrimiento que te puedan causar sus políticas, porque ellos saben que en mayo, hagan los que hagan, les vas a volver a votar. Y si no, al tiempo. Luego me lo negarás, como siempre, y me dirás que tú no les votas, pero yo sé que las cifras de desahuciados, de dependientes que han muerto esperando ayudas, de trabajadores despedidos injustamente, de personas que esperan una atención médica que no llega, de enfermos que no pueden pagar sus medicinas... todas esas, están en ese voto del que reniegas en público, pero al que no renuncias bajo ningún concepto. Sólo hay que oírte hablar. No hagas el ridículo negando la evidencia.

   Tú no llegas a fin de mes y tienes a tus hijos y hermanos en paro, pero sigues votando para que las reformas legislativas permitan que aumenten las ganancias de los ricos, las ayudas a empresas privadas, los rescates a ladrones, los indultos a delincuentes, los sobornos, los chantajes... Todo eso está en la papeleta que tienes guardada en tu cartera. Yo lo sé. No hace falta que me lo niegues.

   Y ahora dime eso de "y los rojos más". Es una pena que sea el argumento más racional que se te ocurre. ¿Es lo único que tienes para enmascarar tanto despropósito? Me río mucho, sí, cada vez que me hablas de Stalin para justificar las políticas de Rajoy. Bonita comparación. Sólo tú eres capaz de encontrarla adecuada. Puuffff.

   Muy bien. Sigue votándoles. Yo sé que eres su cómplice. Para qué vamos a intentar cambiar las cosas.

   Sólo mira los resultados de tu decisión. Y esto es sólo lo de ayer:

Un niño dependiente fallece mientras el gobierno le racanea las ayudas.

La pobreza de los niños españoles.

7.000 muertos en España por no poder poner la calefacción.

Rescatemos las autopistas de peaje, que las pobres no tienen la culpa de no servir para nada.

Gestiones nefastas de empresas públicas. En este caso RTVE.

Por no hablar de Telemadrid, que se lleva la palma.

Otra propuesta de ley que es anticonstitucional. Y qué más dará.

Sigue cayendo el consumo.

El riesgo de la deflación.

Esta es muy buena: La Historia de España dejará de ser "conflictiva" porque con la Lomce la definirá el Estado.

   Y aquí lo dejo porque ya me aburro. Iba a poner algunos de esos del "y tú más", pero no me ha aparecido ninguno a simple vista y me niego a abrir la página de "La Razón" porque no me va la ciencia-ficción.

   Además, esas ya te las sabes todas, aunque sean inventadas y no te quepan en la cabeza. Para qué las voy a buscar yo si ya las tienes en "favoritos".

   ¿O no?

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domingo, 23 de febrero de 2014

La historia del notario.


     Mes de de enero. Una academia cualquiera de una provincia cualquiera. Reciben el aviso de que la Administración va a sacar a concurso unos talleres de formación y deciden presentarse. No tienen profesores para los cursos en cuestión porque nunca se han encargado de esa especialidad, de manera que se ponen a buscarlos… con calma. Tic-Tac. Hay prisa, pero tienen muchas cosas que hacer y parece que esta no es prioritaria. 

     Primera semana de febrero. Recibo su llamada, me proponen colaborar con ellos y me dicen que el plazo de presentación del proyecto termina en unos días. Me envían un esquema cerrado de los contenidos que tendría que impartir. Viene a ser algo así como reescribir la Biblia en verso. Me pongo rápidamente con ello y al día siguiente les envío dos proyectos distintos en los que les explico por qué el temario que proponen no se puede impartir y les ofrezco una alternativa. Tic-Tac. No contestan. 

   Pasa la semana de plazo y me olvido. Doy por hecho que han decidido no presentarse al concurso. Nada más lejos de la realidad. Diez días más tarde me vuelven a llamar, a primera hora de la mañana, y me dicen que han revisado mis dos propuestas y se han quedado con la más difícil de llevar a cabo, la que más se ajusta a los requerimientos de la administración, la misma que según todos los criterios profesionales y docentes es imposible de desarrollar. Les vuelvo a explicar la dificultad de los contenidos y les comento que lo único sensato es optar por la segunda propuesta. No están de acuerdo porque no saben nada de la materia y apuestan por darle al ofertante exactamente lo que pide, aunque sea la luna. Yo, que estoy en paro, callo, otorgo, y pienso que ya encontraré la manera de llevarlo a cabo. Algo se me ocurrirá. Me vuelven a decir que tienen unos días para presentarse al concurso. ¿¿?? Tic-Tac. Este reloj debe de estar averiado. Hemos vuelto atrás en el tiempo.

   En esa misma llamada que, como decimos, es urgente, me dicen que necesitan mis títulos compulsados. Yo no me puedo desplazar hasta esa provincia, así que les digo que no hay manera. Quedan en enviarme un correo en ese mismo momento con toda la información de lo que necesitan y de lo que podríamos hacer. Tic-Tac. Me centro en ello para intentar prepararlo todo cuanto antes. Tic-Tac. ¿Se ha vuelto a estropear el reloj? Se les olvida escribirme.

   Me paso todo el día esperando. Otro. Otro… Y al cuarto día, a última hora de la mañana, decido llamar yo misma para ver qué es lo que pasa.
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          - Riiing. Riiiing.
          - Academia “Pitiplín”, ¿dígame?
          - Hola, buenos días, soy Pepita.
          - ¿Pepita quién?
          - Pepita, la del curso. Hablé contigo hace cuatro días a primera hora de la mañana y 
             me dijiste que me ibas a enviar una información urgente.
          - ¿Conmigo? Conmigo no. ¡¡¡MANOLIIII!!! ¿HABLASTE TÚ HACE CUATRO 
             DÍAS CON PEPITA QUIÉN? ¿NOOO? Uy. Espera. Qué tonta. Jajaja. Ay, sí, 
             Pepita Quién, fui yo quien te llamó. Se me había olvidado enviarte la información 
             urgente. Ahora te la envío porque mañana mismo tengo que tener aquí tu título 
             compulsado.
          - Ya, pues va a ser imposible, porque a ver dónde me compulsan el título 
             de aquí a mañana..., pero si ya son casi las dos. He consultado en varias 
             administraciones me dicen que sólo me ponen el sello si se quedan ellos 
             con la copia. Que si necesito llevármela, entonces no me lo compulsan. 
             Además, estoy trabajando fuera de Madrid y tampoco puedo ir a la universidad
             en la que estudié, que ahí sí que me lo compulsarían previo pago. Tendríamos que 
             esperar tres o cuatro días porque antes no puedo. De manera que me temo que 
             es del todo imposible que lo tengáis mañana.
          - Ay, bueno, tiene que haber una solución, porque esto es urgente.
          - (¿¿¿??? Silencio. Pensamiento de rayos y culebras).
          - Espera, que te envío ahora mismo el correo urgente y ahí te lo digo.
          - (Oooohhhhmmmmmggggggggggggg. Pensamientos de destrucción. 
             ¡¡Que me envía ahora el correo urgente que tenía que haberme enviado 
             hace cuatro días!! Ooohhhmmmggg. Mejor pienso en lágrimas).
          - (Elipsis. Despedida y más de lo mismo).
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   Cinco minutos más tarde recibo un correo que dice lo siguiente:
Estimada Pepita Quién:
Estamos viendo el tema de las compulsas y se nos ha ocurrido una solución. Un notario. Nosotros lo abonamos. Lo único que sólo compulses el título, el resto mándanos fotocopias.
¿Podrías hacer esto? Así sería mucho más fácil. Me llegaría en un día o dos y no habría problema.
(Bla, bla, bla, atentamente, bla, bla, bla).


   Les contesto con educación mientras pienso en mandarles a la porra. Estoy en el paro y en principio no debería rechazar ninguna oferta de empleo, de manera que este jarro de agua fría me bloquea los circuitos.
   
   A ver. Que alguien me explique lo siguiente: ¿por qué tengo yo que hacer malabares para que una academia se presente a un concurso con un proyecto imposible? Y si luego no se lo dan (que es lo más probable porque no quieren atender mis sugerencias sobre el contenido), ¿qué hacemos entonces? ¿Es razonable que una academia especializada en jardinería pretenda dar cursos de costura? Y si así es, si lo que buscan es ampliar su línea de negocio, ¿no deberían atender a las indicaciones de los profesionales? 

   Por otro lado, ¿alguien en su sano juicio considera razonable estar mintiendo todo el rato al que va a ser tu empleado? ¿Qué es exactamente lo que me estáis pidiendo? ¿Y cuál es la fecha de presentación? ¿Es mañana? ¿Era hace una semana? ¿Es la semana que viene?

   Si me omites datos que son de vital importancia para la organización de mi trabajo, y además te olvidas de enviarme la información urgente, y además no haces caso a mis sugerencias... ¿cómo se te ocurre pedirme que vaya a un notario para que me compulse el título y tu proyecto se convierta en el más legal de todos? ¿Pero de verdad pensáis que eso del notario es entrar, sellar y marcharse?  ¿No sería más lógico que me hubieseis pedido toda esta información hace un mes? No, claro. Queréis jugar con ventaja. A mí no me dais los datos, pero sí me pedís que corra para que vuestro equipo sea el ganador.

   Me planto. Aquí, o corremos todos, o pincho la rueda de la bici. No me importa que, de nuevo, me incluyan en el grupo de los parados que no queremos trabajar. Así no. Estoy perdiendo el sentido del humor y no me hacen gracia estas bromas tan divertidas.

   Mira. Que impartan ellos el curso. Y, si no saben, pues eso, justo lo que estáis todos pensando: que llamen a un notario. 

   O a dos.

martes, 18 de febrero de 2014

En ocasiones veo luces.

   Cada día me cruzo con cientos de detalles que no entiendo. Como ahora, sentada en el autobús y viendo las cosas pasar del revés.

   Son las siete de la mañana. Todavía no hay luz en el exterior. Si miro por la ventanilla no veo casas, ni árboles, ni siquiera la carretera. Sólo veo las luces de los coches que circulan en sentido contrario.

   Luces, luces, luces y, de repente, un luminoso: SAUNA RELAX.

   Miles de madrileños en sus coches intentando llegar a su puesto de trabajo.

   Sauna Relax. Sí.

viernes, 14 de febrero de 2014

Feliz San Valentín


A todos los que me apoyáis a diario, ¡¡muchísimas felicidades!!

Os quiero mucho.

Sois mi huevo frito favorito.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El coche de tus sueños



     Justito. No le cambiaría ni un detalle. Lo único que haría sería apartar un poco al peque, no vaya a ser que, al arrancar, el coche pegue un “patrás” y se lleve al niño por delante.
     Aunque, bien mirado, en realidad parece que el niño llora y huye disimuladamente… Se estará preguntando cómo puñetas se van a meter todos en ese trasto. Fijo que a él le tienen reservado un huequito en el maletero. Se ve que la madre, con su metro de modista colgado al cuello, no ha tenido en cuenta las hechuras del retoño.
     ¡¡Huye, chico, huye!!

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TEXTO DEL COPY:
Si usted diseñara un coche, sería así.
Primero, le gustaría que pareciera un sedán y se portara como un break.
Por eso le pondría una quinta puerta detrás.
Su hijo pensaría en un motor transversal de alta compresión (9,5 l) y bajo consumo (7,5 l).
La abuela exigiría barras estabilizadoras y ruedas radiales, para llevar a toda la familia con seguridad en cada curva.
A Mamá le encantaría tapicería lujosa y asientos como butacas. (El bebé gritaría porque el de atrás fuera abatible, para dejar espacio donde jugar).
Y a su hermana le chiflarían colores último grito.
Bien, ya puede dejar de soñar. Simca ha recogido todas sus buenas ideas y las ha transformado en el nuevo 1.200.
Nosotros hicimos el trabajo, pero usted pone la inspiración.
Enhorabuena. Y gracias por su ayuda.

lunes, 10 de febrero de 2014

Conversaciones Académicas

   Desde esta mañana, y hasta  finales de mes, voy a estar sustituyendo una baja en la universidad. Me han asignado un hueco en el despacho de Informática para que pueda dejar mis cosas al llegar. Qué experiencia tan curiosa. He aquí un breve fragmento de la conversación de hoy con uno de mis compañeros de habitáculo:

Informático: “Uuuufff. Estos dos chicos que has visto me acaban de poner en una situación muy difícil”.

Yo: “¿Sí? ¿Y eso?”

I: “Los dos quieren matrícula de honor y sólo se la puedo poner a uno.”

Y:  “Vaya”.

I: “Sí, qué faena, porque el primero ha sacado un 9 punto 1 y el segundo un 9 punto 0."

Y: “Ahhhh.”

I: “Ya ves. No es la primera vez que me pasa, es el workflow de la vida”.

   Lástima que haya entrado un alumno 4 punto 8 y hayamos tenido que cerrar sesión de tan interesante intercambio de datos.

viernes, 7 de febrero de 2014

Algo de nuevo.

Lo dijo Lampedusa en El Gatopardo, allá por el año 1957, y alguno lo repetimos en el presente como un mantra existencial:

Es necesario que todo cambie para que todo siga igual.

Y como tal los tiempos cambian, los gobiernos dan la vuelta, a los ciudadanos nos venden la moto de que estamos evolucionando... y la realidad resulta ser siempre la misma.

Hasta el gorro de vivir cada día las mismas miserias políticas, me encuentro de nuevo con esta viñeta que capturé hace tiempo del semanario "La Estampa". Es del año 1933. Justo esto he pensado hoy al repasar las páginas de actualidad.

¡¡Qué jartura de Españistán!!


miércoles, 5 de febrero de 2014

Plano Americano

Después de mucho, mucho, ¡¡pero mucho buscar!!, he localizado la primera gracieta que me puso un alumno en un examen. Corría el año 2000 y por aquel entonces yo todavía estaba dando tumbos entre la tele y mi tesis doctoral.

La respuesta pertenece a un examen de Comunicación Audiovisual.

A estas alturas el alumno debe de ser ya, por lo menos, director de cine.

PLANO AMERICANO: Consiste en que quien está dentro del plano, sobresale, no cabe, queda más o menos así.