A la Atención de una Agencia de Recolocación de cuyo nombre no quiero acordarme...
Buenos días:
Perdonad que no personalice este escrito. Envío este correo a los distintos asesores de (Agencia) a los que tuve la ocasión de conocer durante mi infructífero programa de recolocación.
Y perdonad también el tono de “catarsis” de este correo, pero quiero solicitaros que, por favor, borréis mis datos de vuestra base y os abstengáis de enviarme ofertas de trabajo que me ofenden y me deprimen. Sé que esta petición os resultará extraña e incluso ofensiva, pero está más que justificada. Me explico.
Soy una de las múltiples desahuciadas de de Telemadrid que, después de 17 años de dedicación a la empresa, se vio en la calle como consecuencia de un ERE injusto y sectario. Desoyendo los consejos de muchos compañeros (que me decían que participar en esto no iba a servirme para nada), opté por inscribirme en vuestro programa de recolocación. Y perdonadme de nuevo, pero meses después de haberlo terminado, todavía no sé si me ha servido para algo.
Sé que hemos sido muchos los que hemos participado y que hemos supuesto mucho trabajo para vosotros, pero uno espera que las personas que se han ofrecido a ayudarte a buscar trabajo tengan la consideración, al menos, de leer tu currículum. Y eso pensaba yo, que habríais leído mi currículum, cuando me llegó vuestra primera oferta. Porque (¡tonta de mí!), pensaba que con 18 años de experiencia en medios de comunicación, más de siete como profesora universitaria, con varios idiomas, manejo de programas informáticos, clases impartidas en el extranjero, cursos por aquí y conferencias por allá… iba a ser fácil de colocar. Eso: ¡Tonta de mí!
Nada más lejos de la realidad. Porque vosotros, expertos en la búsqueda de empleo, después de un par de meses de participación en vuestro programa, decidisteis enviarme esta oferta:
Prefiero no revivir el batacazo que sufrí en aquel momento, pero no fue agradable sentir que unos expertos que se supone han analizado tu perfil han decidido que lo único que te queda ya por hacer en la vida es limpiar oficinas.
El programa de recolocación terminó en agosto, casi de tapadillo: sin resultados, sin alternativas y con una despedida rápida e impersonal que un día me llego al buzón de correo para dar por finiquitada mi pérdida de tiempo.
Y pensaba yo que había terminado mi relación con vosotros hasta que ayer, un poco antes de las 21:00, recibí una llamada que preferiría no haber atendido. Me voy a abstener de repasar la conversación al detalle para poder decir con tranquilidad que los que me llamaban lo hacían desde Intereconomía, y que lo hacían porque vosotros les habíais pasado mis datos. Con eufemismos, me ofrecieron un contrato temporal porque necesitan a gente que les saque adelante la emisión. Rechacé la oferta y… para de contar.
Y os preguntaréis: “¿y a nosotros qué nos cuentas, si hemos tenido la deferencia de ofrecerte un trabajo?”
Hombre, pues porque como expertos que sois en el mercado laboral, deberíais saber que, a estas alturas, trabajar de limpiadora es muchísimo más digno que trabajar en Intereconomía. Y si no lo sabéis, tenemos un problema…
Porque a ver, sin acritud. Me parece una desvergüenza que le deis mis datos a una empresa que lleva meses sin pagar a sus trabajadores. No conozco personalmente a nadie que haya pertenecido a esta plantilla pero, por lo que puede leerse en la prensa un día sí y otro también, esa televisión hace tiempo que se dedica a contratar gente a la que luego no paga. Les obliga a estar así los tres meses que son prescriptivos por ley y, cumplido el plazo, deja que se marchen y que les denuncien. En ese momento la empresa contrata a nuevos incautos y el ciclo vuelve a empezar.
Me repetiréis, porque así nos lo decíais en las sesiones de formación, que vosotros esa información no la tenéis, pero yo no me lo puedo creer. Si sois expertos en el mercado laboral, no-podéis no-saber que esta empresa no paga a sus proveedores y trabajadores. Máxime cuando recientemente la situación se ha agravado por la salida de algunos de sus presentadores más importantes y por la huelga de 10 días que han llevado a cabo sus trabajadores hace sólo una semana. Huelga que, por cierto, se ha saldado con un ERE al que está previsto que se acoja el 80% de la plantilla.
Y claro, yo todo esto lo sé porque soy una friki que lee los periódicos, pero igual llaman a un incauto que está desesperado por encontrar un trabajo y pica el anzuelo… Para su desgracia.
Por todo ello, y por favor, os pido que me deis de baja en vuestro sistema y que no me postuléis para puestos que no hacen otra cosa que cabrearme y deprimirme. No necesito recibir “cualquier oferta” y “de cualquier cosa” porque para encontrar un trabajo de esas características me basta con poner un cartel en mi portal.
Por último agradeceros, DE VERDAD, la buena intención. No dudo de que la tenéis, pero es que sólo con eso no vamos a ninguna parte. Y agradeceros también la “lección aprendida” que me llevo, esa que me dice que, aun estando desempleada, valgo mucho más de lo que algunos piensan, y que no necesito una agencia de recolocación que, ni tiene en cuenta los perfiles de los demandantes, ni analiza la situación de las empresas que le hacen llegar sus ofertas.
Dejadme acabar con una reflexión más. Una de mis mejores amigas trabaja en Cáritas, y una vez la oí quejarse de la falta de sensibilidad de los donantes, que le llevaban ropas ridículas y anticuadas que ellos mismos no se pondrían ni en una fiesta de disfraces. Eso le hacía pensar que, para los ricos, los pobres carecen incluso del DERECHO A TENER DIGNIDAD.
Así me he sentido yo con esta nueva oferta: vestida de mamarracha con ropas desgastadas que ya nadie quiere pero que alguien ha decidido que me tengo que poner porque para eso estoy en el paro. Y si no quiero aceptar esta vergüenza, todavía dirán que es que no quiero trabajar.
En fin…
Déjenme, señores, seguir siendo pobre, pero pobre con DIGNIDAD.
Atentamente.

Cualquiera que sepa leer va a comprender perfectamente cómo te sientes.
ResponderEliminarCualquiera que sepa escribir va a desear saber expresarse de la forma tan educada y brillante en que te has expresado.
Cualquiera que sepa pensar va a tener ganas de dejar de hacerlo, porque cada vez duele más.
Qué triste me siento, y qué orgullosa de ti al mismo tiempo.