Hoy les presento una curiosa película que, en mi humilde opinión, podría incluir en el título la expresión “Alucina, que no es poco”.
Con esta me he dormido no una, sino dos veces, y he necesitado tres días para ver el desenlace de una historia, cuando menos, sospechosa. La película cuenta, o eso se supone, la biografía del primer Marqués de Salamanca, de ese señor que construyó el barrio madrileño que lleva su nombre. Con un tono exageradamente elogioso, se nos narran las actividades de un diputado prevaricador que se aprovechaba de información privilegiada para jugar en bolsa, comprar terrenos y llevar adelante proyectos que le enriquecían de manera absolutamente fraudulenta pero, al parecer, grandiosa y digna de alabanza. Alucinantes resultan los aplausos a un tipo que se dedicaba a extender rumores falsos para hacer que las acciones bajasen, o subiesen, o lo que sea que a él le viniese bien.
Sospechoso resulta que el narrador de esta historia, que no es otro que el rey Alfonso XII, considere maravilloso que este señor se hiciese millonario a costa de defraudar al gobierno y a los ciudadanos. ¡¡Qué gran hombre!! O no he entendido la película, o es apta sólo para fans de la trama Gürtel. Deberían ponerlo en la calificación por edades: sólo Apta para votantes del PP.
La película fue rodada durante el Franquismo, por lo que es de suponer que el guión sería sometido, como todos, al escrutinio de aquellos grandes eruditos, los censores, que con su trabajo aseguraban que todo lo que se publicaba y exhibía era afín a las virtudes más elevadas. Y, si esto es así, resulta alucinante descubrir que la grandeza de aquel momento se hallaba en la prevaricación y la falta de vergüenza. ¿De qué me extrañaré? Parezco tonta.
Un ejemplo. El Marqués manipula una jornada en la bolsa y, con ello, hace que todos sus conciudadanos se arruinen. Uno de ellos intenta suicidarse, pero no importa, todos aplauden la grandeza del juego del marqués. ¡¡Qué gran hombre!! ¡¡Qué inteligente!! Este señor, que según la película era lo más generoso que había parido madre, decide perdonarles a todos la deuda tras enterarse del intento de suicidio de su congénere. “Perdono a tutti”, dice, y todos los colegas mafiosos de la Bolsa de Madrid se ponen a dar brincos, upi, upi, ¡qué gran hombre es el señor de Salamanca!
El señor marqués está interpretado por Alfredo Mayo, y se supone que está enamorado platónicamente de la mujer de uno de sus mejores amigos, que no es otra que Conchita Montes. Lo de platónico digo yo que lo impondría también la censura, porque hay una escena en la que el criado nos cuenta otra de las grandezas del personaje principal, que no es otra que su sobresaliente y nunca bien ponderado carácter de mujeriego. Cuenta el criado que tienen diecitantas novias en la reserva, dos o tres amantes en no sé dónde y una princesa rusa que les espera en París. Justo, justito, lo mismo que predicaba el Franquismo: que los hombres fuesen todo lo golfos que pudiesen y que las mujeres fuesen tontas de capirote.
En fin. Con semejante argumento, ustedes se preguntarán cómo es posible que me haya dormido dos veces. En realidad debería haber visto la película del tirón y con los ojos abiertos como platos. ¿Noo? Porque tela, telita, tela. Pero así es una. El bochorno no me despierta ningún interés.

Tela,tela,tela...
ResponderEliminarCHAPÖ
ResponderEliminarEstoy muy interesada en ver esta película, pero no sé como hacer para conseguirla
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