jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi puñetero móvil.

   Mi móvil, que es un capullo, tiene la mala costumbre de llamar sin pedir permiso. Y lo hace como, donde y cuando quiere.

   
Tiene dos sistemas de bloqueo. Dos. Para encenderlo hay que pulsar en dos lugares diferentes convenientemente alejados el uno del otro. Pero le da igual. No sé cómo se las arregla, pero consigue zafarse de los bloqueos y se entretiene navegando por internet, llamando por teléfono a los números de mi agenda, o poniéndose a jugar a los marcianitos sin permiso. Un horror.
   Ante esta tediosa circunstancia, que me ha traído más de un disgusto con la factura y con amigos cabreados, hace tiempo que busco una sistema que le ate las manos al aparato. Para ello necesito que uno de los dos botones quede siempre "diáfano", sin contacto alguno con superficies de ningún tipo porque, como dice K, al trasto este le place el roce, y quien evita la oportunidad evita el peligro.
   Así pues, llevo tiempo probado artilugios como estos que muestro a continuación.


   El primer cachivache al que recurrí fue la funda de punto. Hand-made-in-Spain, con la lana más horrorosa que tenía, y un botón de diseño tope funcional.

   Algún roce evita, no sé si por el color, por la hechura, o por el hecho de estar blandito, pero no consigue bloquear todos los intentos del aparato por comunicarse con el mundo exterior.

      Como no era suficiente, tuve que buscar otra solución.   El segundo artilugio que probé, y el que hasta ahora se ha mostrado más eficaz, ha sido el del vaso de plástico. ¡¡Infalible!! Dentro de este rudimentario dispositivo el móvil no es capaz de rozarse lo suficiente. No falla.

   Problema, que cada vez que abro el bolso la gente me mira con cara de “eeeehhhhhhh”. Los amigos más allegados se han atrevido a preguntarme, con más o menos educación, si me he dado cuenta de que llevo un vaso en el bolso… Y cuando les explico que es un invento de la Nasa para evitar llamadas no deseadas, pues en fin… que no se lo creen.


   Así pues, no me ha quedado más remedio que seguir investigando.  

   Como tercera opción he probado a utilizar una funda de gafas, tal y como me recomendó Pmp.

   Desde luego, al abrir el bolso pasa desapercibida, pero es demasiado grande y el teléfono baila y baila en su interior hasta conseguir golpear los botones que necesita para conectarse con el mundo. No me sirve.


    Cuarta opción, esta vez propuesta por Isa: la casete. Bien. Uffff. Parecía buena idea pero, además de haber tenido que cargarme los pitorrolos esos que sirven para sujetar la cinta por los agujeros, me he encontrado con que, de nuevo, el invento es demasiado grande y el cacharro baila, esta vez sólo de manera lateral, hasta conseguir pulsar las teclas mágicas. Ayyyy.

    Y ahora llega la última, la que estoy probando en este momento: la caja de pilas alkalinas del Ikea. ¡Ay que ve el Ikea, oye, que tiene soluciones para todo! He descubierto que la caja tiene la medida exacta del teléfono, así que la he cortado por la mitad y he aquí que me he fabricado la enésima funda del parato. ¿Servirá? Lo he estado observando durante unos minutos y he visto que se encendían las lucecitas, pero todavía no ha llamado a nadie.
   
  
   ¿Funcionará? ¿Qué opináis?
    Uffffff. Me veo volviendo a la idea del vaso.
    Voy a ver si encuentro alguno megafashion y patento la idea.

martes, 9 de agosto de 2011

Menudo ¡Plop!


   No sé muy bien por qué insólito motivo la primera vez que vi estas piernas pensé que eran las de Luke Skywalker. Una extraña asociación de ideas trajo a mi memoria el momento en el que Constantino Romero le dice al héroe: “oooorrrggggg. Yooooo, soooy tu paadreeee”. 
   Y en mi versión de la historia Luke, en lugar de gritar su desgarrador “¡¡noooooooo!!”, va y hace “¡Plop!”. Así, un “¡¡plop!!” para atrás, sin stop ni nada.
   Tampoco sé muy bien el motivo por el que mantuve en mi inconsciencia la idea de que este señor era un héroe. Y la cosa habría durado más si de repente no me hubiese dado cuenta de que aquí el protagonista no lleva calcetines. “Ohhh-ooohhh” –me dije entonces– “Uuhhmmm. A ver si van a ser las piernas de Alfredo Landa”…
   Y entonces, como quisiera cerrar un círculo salvador, Internet me premió con esta otra imagen.
   Sí, sí. El del ¡plop!, definitivamente, es Luke.



jueves, 14 de julio de 2011

Respuestas sin respuesta.

   Una nueva entrega de las respuestas alienígenas que leo en los exámenes.
 
   Pensaba que, por ser el último, se iban a esforzar más, pero no les ha venido bien.

   Me han robado el placer de dar un aprobado general, sniff. ¿Alguien tiene bemoles para aprobar a estos futuros profesionales?

   Ahí queda:
  1. Sensibilidad y Ganancia. Definición y características. Valores en Fotografía y Vídeo. Posibilidades creativas.
    1. La sensibilidad está relacionada con la luz. [Y aquí termina la respuesta].
    2. La sensibilidad es aquello que la cámara tiene, que expone la luz que está obteniendo. [¡Qué razón tiene!]
    3. La sensibilidad es el resultado de sensación de una cámara a la luz. Puede ser débil, normal y fuerte. Tiene las características de fiabilidad, impernancia y sensible. [Esto ha debido de leerlo en el prospecto de un bronceador].
    4. La sensibilidad es el modo en el que afecta la luz al objeto que queremos grabar y retratar. [Y que cambia con el uso del bronceador adecuado]. La ganancia es la posibilidad o posibilidades que nos proporciona la cámara para nosotros poder regular los instrumentos ofrecidos por ésta con el fin de conseguir el mejor resultado. [Es lo que tiene, tuviera o tuviese].
      Tanto en fotografía como en vídeo las cámaras valoran mucho estos dos aspectos ya que son importantes para el resultado final. [Claro. No me digas más].
      Tener estos dos aspectos en la mano te facilita varias posibilidades creativas ya que tú puedes controlar tanto la sensibilidad como la ganancia ya que en todos los casos están controladas por el individuo. [Casi  prefería la respuesta número 1].
  2. Barrido Progresivo y Barrido  Entrelazado. Similitudes y diferencias.
    1. El barrido entrelazado hace una aparición de líneas disconformes. [E indignadas].
    2. Barrido progresivo y entrelazado son procedimientos que sirven para trasladar el sonido al ámbito digital. [El "muestreo", querido. Eso era el "muestreo"].
    3. Son deformaciones que se dan lugar punto por punto. El entrelazado son dos barridos en uno y cada uno de ellos va en direcciones inversas. Mientras que el progresivo es una única aberración. [Me pregunto por qué no dejarán el examen en blanco...].
    4. Son términos que se utilizan en la grabación de una película ya que son dos técnicas para hacer escenas y que no se note sus transiciones. 
      • El barrido progresivo de lo que se trata es que en el momento de la grabación en el que se está entrelazando una escena con otra en el mismo lugar se utiliza el mismo recorrido de la cámara para pasar a la siguiente escena. 
      • En el barrido entrelazado encontramos que para pasar de una escena a otra en la que el recorrido de la cámara sigue un sentido al cortar y pasar a la otra escena (la cual no hace falta que sea en el mismo lugar) la nueva escena mantiene el mismo sentido que la anterior dando la sensación de transición entre escenas y no poniendo un plano y cortándolo y poniendo otro plano, lo que daría sensación de mucho corte y de manera más dura.
      • Lo que conseguimos con estas técnicas es suavizar la transición de escena a escena. [Nunca te acostarás sin conocer una técnica más].
  3. ¿Qué medios tenemos que utilizar para obtener esta fotografía? Comenta el tipo de lente y los valores aproximados de Exposición.
    1. Debería utilizarse una cámara parecida a las de toda la vida. [O dos]. 
    2. Para esta imagen se ha utilizado una lente convexa dado que la imagen es mucho más nítida en la zona del centro. [¡¡Menos mal!!].
    3. Esta fotografía tiene un exceso de contraste visible entre el cielo y el suelo. [¿Dónde dice?]. Esto podría paliarse a través del balance de blancos. Podría ponerse luz de sol para compensar esa gran luminosidad. [En fin... ¿para qué le vamos a llevar la contraria?].
    4. Para obtener esta fotografía se ha podido utilizar una cámara Reflex [es un suponer], la cual ha utilizado lentes divergentes, convexas o positivas [lo que viene siendo un "totum-revolutum"], las cuales se caracterizan por ser más gruesas en el centro que en los bordes y por lo tanto produce un efecto de que todo parece ir hacia el centro [es lo que se denomina lentecentrismo]. Crea profundidad de campo. [Chapó].
    5. En esta fotografía utilizaría una lente divergente-convexa, pero poniendo una lente convergente delante, porque si no no veríamos nada. [Ayy, ayy, ayy...].
      [Todavía no se han enterado de que les estoy preguntando por el tipo de objetivo. Es lo que pasa cuando sólo te estudias la teoría y, además, lo haces mal].
  4. ¿Qué es la Resolución de la imagen? ¿Y la del sonido?
    1. La resolución del sonido tiene que ver con el número de decibelios a los que podemos amplificarlo. [Si ya te lo dijo el juez, que el problema con los vecinos se Resolvía bajando el volumen].
    2. La resolución de una imagen o de un sonido es la técnica que se realiza para retocar aspectos que sobran dentro de estos elementos con el fin de obtener un resultado mucho mejor. [A la resolución por el retoque].
  5. Te encargas del sonido de un programa... ¿Qué micrófonos necesitas? Describe sus características.
    1. Necesito micros de corbata, que son más pequeños y cómodos. Se incorporan al pecho de la persona sin necesidad de sujección [sic]. [No sé si hay una técnica para esto o si se borra luego la pinza con la Resolución].
    2. Utilizaría uno inalámbrico. El fallo de estos micrófonos es que son muy sensibles al sonido. [Sí, sí, desde luego, ese es el fallo más grave de los micrófonos].
    3. Utilizaría un micrófono de corbata o tachuela. [Y por poco más me graba el programa con el i-Phone].
  6. El Zoom. Características. Funcionamiento. Posibilidades Creativas.
    1. El zoom es la parte de la cámara que nos permite acercarnos al motivo. Al realizar esta acción se reduce el número de píxeles y la resolución disminuye.[Eso es porque al utilizar el zoom sobran menos elementos].
  7. Trabajas en una televisión local y te encargan que retransmitas en directo el pregón de las fiestas. ¿Qué cámaras necesitas? ¿Añadirías algún otro medio?
    1. Para este trabajo necesito utilizar las cámaras que sirven para grabar a los reporteros en un lugar y un momento dado durante un periodo corto de tiempo, aunque aún así, debe estar conectada con una CCU, aunque sea móvil. [Lo que yo decía, que me apaño con el i-phone].
  8. Analiza el siguiente esquema de luces. Comenta las características de los medios que estamos utilizando.
    1. Un sujeto, un contraluz, una cartulina y una cámara. El resultado es una imagen perfectamente iluminada y sin sombras. [Ayyy, ¡¡qué ojo tengo!!].
    2. Yo considero que se está utilizando un foco y un espego [sic]. Parece que están intentando hacer el triángulo básico. La luz de contra es el mismo foco que el de arriba. En cuanto a los medios, parece una cámara compacta para profesionales, y el flash de que se valla [sic] a utilizar seguro que va incorporado en la imagen, ya que no se aprecia ningún flash de estudio. [El resultado es una profesora que sale llorando en la foto]. 
    3. En este esquema tenemos un modelo, un foco y una pantalla iluminadora. [La misma pantalla que me voy a llevar yo para iluminar el próximo examen].

miércoles, 13 de julio de 2011

Mis vecinos del Transporte Público (II).

   Me pongo en la cola para comprar el billete del bus y un señor que tengo delante comienza a hacer aspavientos porque en la taquilla hay una pareja de jubilados pidiendo información. Se trata de un ancianito tipo "bartolo" al que acompaña una dulce señora que apoya la mano con cariño en el antebrazo de su marido.

   Faltan quince minutos para que salga el autobús, pero el energúmeno quiere comprar su billete yaaaa y comienza a ejecutar una danza ritual con el fin de invocar al dios de la taquilla: brazos arriba, brazos abajo, giro a la derecha, re-giro a la izquierda, un paso atrás, dos adelante, palmoteo de manos en el aire... y vuelta a empezar.

   El rito surte efecto y, por fin, la parejita de viajeros se retira de la ventanilla.

   Cualquier pensaría que, atendida la súplica, lo que toca ahora es comenzar el ritual de agradecimiento, ¿no?, cualquiera pensaría... Pero nuestro protagonista no es cualquiera y se enzarza en una lucha dialéctica en la que él es el único guerrero: voces, improperios, acusaciones...

   Un taquillero ojiplático le expende el billete lo antes posible y le deja marchar con toda la amabilidad de la que es capaz.

   Y, a pesar de que aún faltan diez minutos para la salida de la diligencia, el energúmeno se va corriendo a la puerta de embarque mientras mantiene a voz en grito la teoría de que los ancianitos le van a hacer perder el autobús.

    Y... ¿sube corriendo a ocupar su plaza? No, señores, no. Se mete a la velocidad del rayo en el baño de caballeros.

    Por fin una pista de lo que está ocurriendo: a este señor la mierda le nubla el entendimiento.

"De la alpargata al seiscientos"

http://www.juaneslavagalan.com/ficha.php?id=70
La realidad supera la ficción y, a veces, es mucho más cómica.
Al menos esa es la impresión que a uno le queda tras leer De la alpargata al seiscientos, novela de corte historiográfico, escrita por Juan Eslava Galán, en la que se van hilvanando pequeños instantes en la vida de unos pocos que son, al mismo tiempo, grandes decisiones que han afectado a la vida de muchos.
La novela repasa, en tono de humor y dando voz a ciudadanos y gobernantes, los grandes momentos a los que sobrevivieron los españoles de los años cincuenta. Momentos que en algunas ocasiones son dramáticos y que sobrecogen a un lector que, para bien o para mal, recuerda haber vivido algunas de aquellas anécdotas. 
Es un relato de las “primeras veces”, de esas que los historiadores hemos aprendido a poner entre comillas porque nunca son el inicio, sino sólo el primer signo de algo que llevaba ya mucho tiempo en gestación.
Es un repaso de docenas de hechos reales que tuvieron lugar en distintos lugares de nuestra geografía y que han quedado documentados en la prensa de la época y en distintas publicaciones de corte histórico. Con todo ello, Eslava Galán construye el relato de todos los españoles. 
Es nuestra historia contada desde dentro, en minúsculas, con nuestros vecinos como protagonistas.

lunes, 4 de julio de 2011

Tontuna.

   Tontuna es salir de vacaciones y dejarte en casa la cámara de fotos. Tener ante tus ojos unos paisajes de ensueño y no saber cómo capturarlos para el recuerdo. Contemplar cada mañana esas casitas de colores, alineadas con la armonía de un cuento infantil, y no poder disparar el artilugio de conservar memorias.
   Tontuna es elegir para las vacaciones la semana en la que sabes que, al menos durante un par de días, vas a estar doblada de dolor. Con la tensión por los pies y un calor que desestabiliza todo tu organismo.
   Tontuna es escoger para el descanso la orilla del mar, con esa brisa maravillosa que llena tu alma y machaca tus reumáticas articulaciones.
   Tontuna es pasarse todo el día tumbada bajo el sol, sobre todo si piensas que tienes alergia a la arena y la piel se te va a ir llenando día a día de molestos granitos recién llegados del infierno.
   Tontuna es vegetar durante horas con la mente en blanco y los ojos llenos de imágenes. Con miles de recuerdos que se empujan ante tu mirada buscando un hueco en el que asentarse. Horas y horas sin hacer nada, descansando el cuerpo y dejando que tu mente ociosa se llene de trazos deslavazados.
   Tontuna es no dormir por la noche porque te has pasado el día en una plácida languidez. Sentir dolor de espalda por haber estado 20 horas en posición horizontal e intentar dormir sin cansancio alguno.
   Tontuna es tener la suerte de haber pasado así los últimos seis días y, además, tener la cara dura de sentirte feliz.

miércoles, 22 de junio de 2011

Comportamientos Extraños (3)

   Estoy viendo la televisión y la presentadora del informativo sugiere que elijamos como lugar de vacaciones los escenarios de  una película.
   Inmediatamente me pongo a pensar y empiezo a recuperar imágenes de lugares de ensueño que me gustaría conocer: playas paradisíacas, ciudades misteriosas, parajes vírgenes, planetas extraños, el centro de la tierra y hasta el fondo del mar.
   Vuelvo a la realidad y continúo viendo la noticia. El reportero sale a la calle y le pregunta a una simpática señora: “permítame, ¿a qué película se iría usted de vacaciones?”. Y ella, con gesto romántico contesta: “A Titanic”.
   Tela, telita. Esperemos que la señora al menos sepa nadar.
El lugar perfecto para tus próximas vacaciones.

Comportamientos Extraños (2)

   En unas semanas termina mi andadura por el proceloso mundo de la docencia universitaria y, dado que tengo que cancelar muchas cuentas, he empezado a limpiar las que son más fáciles de gestionar: las de correo.

   Recupero aquí, para la posteridad, un correo que conservo desde mi primer año de docente. Corría el mes de febrero de 2005 cuando una alumna, después de un examen, me envió las siguientes palabras:

   hola,soy una alumna de tercero de publicidad que ha estado enferma debido a una fiebre desconocida,ayer realice el examen pero debido a una próxima revision medica me gustaria saber para cuando estaran las notas ya que podria influir en dicho reconocimiento.
sin otro particular: Fdo. Alumna.


   No supe cómo reaccionar y aún me pregunto cómo andará de salud la moza... Cosas que pasan.

martes, 7 de junio de 2011

La pasión del no-decir.

   Me gusta leer; es una de mis grandes pasiones. ¿Por qué? Pues probablemente porque soy adicta a las historias ajenas. Me gusta aprender de las experiencias que han vivido otros. Me gusta sorprenderme con los giros insospechados que encuentran los personajes en sus relatos. Me gusta apasionarme con los amores que viven sujetos inventados. Me gusta, en definitiva, seguir el hilo de las vidas que se dibujan en los libros, siempre ajenas, pero a veces tan cercanas que uno las siente como parte de su propia existencia.
   Tal vez por eso me resulte aberrante que la gente escriba para no decir nada. Hay expertos en este género, apasionados del no-decir, autores de la no-escritura que son capaces de llenar libros enteros con palabras que no cuentan nada. En la forma, eso sí, son expertos pedantes de la farsa.
   Cada día me desayuno con alguno de esos textos y ufffff.
 
   Utopía es pensar que mañana, cuando me levante, voy a descubrir que han desaparecido.

martes, 24 de mayo de 2011

Mis vecinos del Transporte Público (I).

CAPÍTULO 1:
   Una señora excesiva en carnes, con un niño nervioso en sus lozanos brazos, es de lo más rollo que se te puede sentar al lado en el metro.
   Ella deja reposar su figura sobre ti, mientras el niño palmotea y patalea para escapar, aunque sólo sea unas pulgadas, del perímetro maternal.
   Y ahí estás tú, con medio cuerpo escondido tras una extraña, reflexionando acerca de lo duro que resulta ser madre. Tan, tan duro, que no te da tiempo a lavarte el sobaquillo cuando te levantas por la mañana.
   ¡Oh, no! ¡He dicho “sobaquillo”! Olvidaba que esta palabra fue prohibida por la censura franquista.
   Dado el tono retrógrado de este discurso, debería decir que lo que no se ha lavado la señora ha sido la “axililla”.

CAPÍTULO 2:
   Alonso Martínez, 10:30 de la mañana. Entro en el metro en la calle Génova y, a mi lado, se sienta una madre con su niño.
   Ella es guapísima, delgada, con un pelo precioso y vestida con impecable sencillez.
   Me fijo en el niño y veo una carita dulce, redondeada, con unos ojos que brillan de felicidad. Pienso, “normal: sea por el motivo que sea, este niño se ha librado hoy de ir al cole”.
   Observo su mata de pelo, bien peinada y con ese flequillo un tanto trasnochado que volverá locas a las niñas dentro de diez años.
   Y es entonces, decidido ya que quiero uno igual, cuando me doy cuenta de que su madre ha tenido la precaución de llevarle un jersey por si hace frío, una pequeña sudadera color crema que el niño lleva, conveniente y aterradoramente atada al cuello, con la elegancia propia de las viejas-nuevas generaciones.
   No en vano, esta parada te deja directamente en la sede de los niños bien.
    Se me hiela la sangre. Será por el aire acondicionado.

domingo, 22 de mayo de 2011

Escribir.

   Es difícil tener algo que contar, y aún más ser capaz de abrir el corazón y exponerlo a las miradas del mundo. Es probable que nadie lea jamás estas palabras, pero al dejarlas en estas páginas quedan expuestas al juicio, en la forma y en el contenido, de todo aquel que tropiece con ellas.
   La forma es la que recibe, la que acoge el pensamiento y lo convierte en algo comprensible, la que hace posible el texto. Pero su función de “soporte” de las ideas la sitúa en el plano de lo relativo, de lo que se puede juzgar y aceptar de manera accidental, casi como si de una forma de arte se tratase. Si la forma no convence no pagamos un precio demasiado caro, porque hablamos sólo del recipiente. No ocurre así con el contenido. Del juicio del contenido no podemos escapar tan fácilmente.
   En el contenido vertemos lo que llevamos dentro, de ahí que muchas veces nuestros textos estén vacíos. En el contenido expresamos lo que somos y lo que queremos ser, pero siempre fingiendo, siempre ocultando una parte de nosotros, siempre mostrando la parcela, real o inventada, que consideramos adecuada al juicio de los demás.
   Muchas veces, todas las veces, me planteo que debería escribir más, y cuando decido llevar a la práctica este propósito me doy cuenta de que no puedo vaciarme y ser sincera, porque hay muchas cosas de mí misma que no quiero que se sepan y que yo misma no conozco.
   Podría, para salvar este “impedimento”, hablar sólo de lo que sé y nunca de lo que siento. O podría, por otro lado, quedarme siempre en la forma y dedicar libros enteros a no decir nada. Pero esto último no me convence… hay ya demasiados textos con estas características.
   Podría, también, aprender a dibujar las máscaras con las que quiero mostrarme al mundo, aunque esto suponga renunciar a la lucidez que a uno le aporta el hecho de saber que hay alguien que lo lee y, por lo tanto, que hay alguien que lo entiende. Es esta una bonita y útil circunstancia que, sin duda, puede ayudarnos a interpretarnos a nosotros mismos.
   “Necesito alguien que me lea”, eso afirmaba el protagonista de La Reina de las Nieves, de Carmen Martín Gaite. Necesito alguien que, desde fuera, tenga la perspectiva y los datos suficientes como para interpretar la forma y el contenido, para hacerlos uno en el texto y confirmar si, realmente, tengo algo que decir.
   Sin duda, la escritura es una gran terapia y el lector es el mejor psicoanalista. Lástima que ya nadie lea.

jueves, 19 de mayo de 2011

Una entrada en silencio.

Yo antes tenía otro blog, pero me lo copiaron.
Qué extraño resulta eso de pasarse la vida animando a la gente a ser original para luego descubrir que tus propios amigos copian y pegan las palabras con las que les invitas a trabajar sus propias ideas.
Ya sé que no hay nada nuevo bajo el sol, que todo está ya dicho y mil veces repetido, pero es bonito pensar que uno es capaz de darle su propia impronta a las ideas que, en un momento dado, nos han invitado a volcar un pensamiento en un medio al que llamamos “propio”. 
Pero, ¿propio con las palabras de otro? Eso no puede ser. Para eso tenemos ya los medios de comunicación.
Es por estas ironías de la vida contemporánea por las que una se plantea si no será mejor guardarlo todo en los armarios de su propia memoria, ahí donde las cosas se amontonan y nadie las copia, aunque se corra el riesgo de no volverlas a encontrar.
Todavía no sé si es mejor permanecer escondido o, por el contrario, arriesgarse e intentar deslizarse de puntillas, de manera silenciosa, para caminar sin que los hombres grises te roben las palabras. En un susurro y sin avisar. Tal vez así sea posible avanzar esquivando el portapapeles de los que no tienen nada que decir.
De esta manera mis palabras serán sólo unas cuantas hojas en medio de una inmensa maleza; sólo un pequeño apunte entre ingentes cantidades de información. Silenciosas, pero únicas. Sin altavoces ajenos que distorsionen mis ideas y las conviertan en ruido.
Este blog, en silencio, quiere ser sólo uno más de los millones de muros insignificantes que soportan el universo de nuestro día a día. Quiere ser sólo un cajón en el que guardar ordenados algunos recuerdos, sólo unos pocos, para que algo quede de mi caprichosa memoria, de esa que tan pronto lo recuerda todo, como no recuerda nada.
Sólo una cosa te pido, lector, si en el curso de tus viajes has llegado a esta página: por favor, no me copies.