Me gusta leer; es una de mis grandes pasiones. ¿Por qué? Pues probablemente porque soy adicta a las historias ajenas. Me gusta aprender de las experiencias que han vivido otros. Me gusta sorprenderme con los giros insospechados que encuentran los personajes en sus relatos. Me gusta apasionarme con los amores que viven sujetos inventados. Me gusta, en definitiva, seguir el hilo de las vidas que se dibujan en los libros, siempre ajenas, pero a veces tan cercanas que uno las siente como parte de su propia existencia.
Tal vez por eso me resulte aberrante que la gente escriba para no decir nada. Hay expertos en este género, apasionados del no-decir, autores de la no-escritura que son capaces de llenar libros enteros con palabras que no cuentan nada. En la forma, eso sí, son expertos pedantes de la farsa.
Cada día me desayuno con alguno de esos textos y ufffff.
Utopía es pensar que mañana, cuando me levante, voy a descubrir que han desaparecido.
Utopía es pensar que mañana, cuando me levante, voy a descubrir que han desaparecido.
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