jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi puñetero móvil.

   Mi móvil, que es un capullo, tiene la mala costumbre de llamar sin pedir permiso. Y lo hace como, donde y cuando quiere.

   
Tiene dos sistemas de bloqueo. Dos. Para encenderlo hay que pulsar en dos lugares diferentes convenientemente alejados el uno del otro. Pero le da igual. No sé cómo se las arregla, pero consigue zafarse de los bloqueos y se entretiene navegando por internet, llamando por teléfono a los números de mi agenda, o poniéndose a jugar a los marcianitos sin permiso. Un horror.
   Ante esta tediosa circunstancia, que me ha traído más de un disgusto con la factura y con amigos cabreados, hace tiempo que busco una sistema que le ate las manos al aparato. Para ello necesito que uno de los dos botones quede siempre "diáfano", sin contacto alguno con superficies de ningún tipo porque, como dice K, al trasto este le place el roce, y quien evita la oportunidad evita el peligro.
   Así pues, llevo tiempo probado artilugios como estos que muestro a continuación.


   El primer cachivache al que recurrí fue la funda de punto. Hand-made-in-Spain, con la lana más horrorosa que tenía, y un botón de diseño tope funcional.

   Algún roce evita, no sé si por el color, por la hechura, o por el hecho de estar blandito, pero no consigue bloquear todos los intentos del aparato por comunicarse con el mundo exterior.

      Como no era suficiente, tuve que buscar otra solución.   El segundo artilugio que probé, y el que hasta ahora se ha mostrado más eficaz, ha sido el del vaso de plástico. ¡¡Infalible!! Dentro de este rudimentario dispositivo el móvil no es capaz de rozarse lo suficiente. No falla.

   Problema, que cada vez que abro el bolso la gente me mira con cara de “eeeehhhhhhh”. Los amigos más allegados se han atrevido a preguntarme, con más o menos educación, si me he dado cuenta de que llevo un vaso en el bolso… Y cuando les explico que es un invento de la Nasa para evitar llamadas no deseadas, pues en fin… que no se lo creen.


   Así pues, no me ha quedado más remedio que seguir investigando.  

   Como tercera opción he probado a utilizar una funda de gafas, tal y como me recomendó Pmp.

   Desde luego, al abrir el bolso pasa desapercibida, pero es demasiado grande y el teléfono baila y baila en su interior hasta conseguir golpear los botones que necesita para conectarse con el mundo. No me sirve.


    Cuarta opción, esta vez propuesta por Isa: la casete. Bien. Uffff. Parecía buena idea pero, además de haber tenido que cargarme los pitorrolos esos que sirven para sujetar la cinta por los agujeros, me he encontrado con que, de nuevo, el invento es demasiado grande y el cacharro baila, esta vez sólo de manera lateral, hasta conseguir pulsar las teclas mágicas. Ayyyy.

    Y ahora llega la última, la que estoy probando en este momento: la caja de pilas alkalinas del Ikea. ¡Ay que ve el Ikea, oye, que tiene soluciones para todo! He descubierto que la caja tiene la medida exacta del teléfono, así que la he cortado por la mitad y he aquí que me he fabricado la enésima funda del parato. ¿Servirá? Lo he estado observando durante unos minutos y he visto que se encendían las lucecitas, pero todavía no ha llamado a nadie.
   
  
   ¿Funcionará? ¿Qué opináis?
    Uffffff. Me veo volviendo a la idea del vaso.
    Voy a ver si encuentro alguno megafashion y patento la idea.