Mañana, 24 de
mayo, hay elecciones autonómicas. Mañana, pase lo que pase, va a cambiar el
futuro de la que fue mi antigua empresa, Telemadrid.
Antes de que
eso suceda, y como nadie sabe si va a ser para bien o para peor, quiero darle
las gracias a la Resistencia que, desde dentro, sigue defendiendo la justicia y
la dignidad de los que siempre nos hemos considerado los “trabajadores
legítimos de Telemadrid”.
Hace más de dos
años los políticos del PP madrileño decidieron llevar a cabo una limpieza ideológica y
vaciaron la empresa de trabajadores. En su mente todos los obreros somos “rojos”
y por eso intentaron exterminarnos. Se salvaron los jefes. Se salvaron también
los enchufados. Se salvaron, incluso, algunos que agacharon la cabeza
oportunamente y accedieron a colaborar con el régimen.
A otros les
salvaron en contra de su voluntad porque eran necesarios y, a veces, incluso
imprescindibles. No es necesario que los nombre, todos los conocemos. Son los compañeros y amigos que, a pesar de escuchar que a lo mejor no se iban, continuaron secundando las huelgas, acudieron a las
manifestaciones hasta el último momento y, cuando ya todos nos habíamos ido, decidieron mantener vivo nuestro recuerdo dentro del edificio, día tras día... hasta hoy.
Durante estos
dos años y medio el espíritu de los despedidos ha seguido vivo en nuestra tele
gracias a ellos. No lo vemos, pero seguimos allí. Ellos se enfrentan por nosotros, no claudican, hacen valer su voz cuando es
necesario, despliegan petos cuando lo creen oportuno, se niegan a pagar un precio por
haber sido mantenidos en contra de su voluntad y no colaboran con la indignidad
de quienes les han llevado al infierno. En una palabra: Resisten.
A todos ellos,
sólo unos pocos, ¡GRACIAS! ¡Muchísimas gracias!
Los que estamos
fuera hemos tenido tiempo y oportunidades para curar muchas heridas. Vosotros
seguís soportando el veneno de una empresa tóxica y embrutecida. Y sé que
algunos, cuando os claváis las uñas en las manos para no reventar, a veces
pensáis en mí, me echáis de menos y aguantáis con la idea de que algún día
vuestro esfuerzo va a merecer la pena. Sé que me estáis guardando la silla. Por
eso, de verdad, ¡gracias infinitas!
Nadie sabe qué
es lo que va a pasar mañana. Yo no creo que me den la oportunidad de volver y
os vais a quedar con las ganas de que vaya, como antes, a poneros la tarde
patas arriba. No creo que podáis recuperar mis chistes malos, las canciones y las directas
indirectas. Pero es que tampoco me importa. Lo único que deseo hoy es, de todo
corazón, que a ese puñado de gente a la que tanto admiro la vida os cambie
radicalmente a partir de esta misma noche. Gane quien gane, confío en que las
cosas vayan a mejor para vosotros, porque ya os toca y, además, os lo merecéis.
De todos los
demás, aunque me dan igual, prefiero no hablar. Esto va por vosotros. A ellos
que les parta un rayo. Y además que sea pronto.
Así que
¡ánimo!, ¡GRACIAS!, y a ser felices con vuestra nueva vida.
Por supuesto,
tendremos ocasión de brindar justos para celebrarlo.¡Ya falta poco!

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