No me resisto a contaros la última historia del portero de verano, el de siempre, que este verano afirma haber tenido un infarto que le ha durado más de tres días. Ocurrió la semana pasada.
El lunes sintió un fuerte dolor en el antebrazo izquierdo, pero no hizo caso a los vecinos que le decían que se acercase al hospital. El martes el dolor se le extendió al hombro, pero decidió que tenía que seguir trabajando y no escuchó a los porteros de los otros números, que le decían que se fuese al hospital. El miércoles el dolor le inmovilizaba ya todo el costado, pero acabó su jornada y siguió sin hacer caso al presidente, que le insistía en que se fuese al hospital.
El jueves, a las siete de la mañana, consciente ya de que "igual" tenía que mirárselo, se fue a la Cruz Roja. Allí le dijeron que no podían atenderle y que se fuese al hospital. Prefirió esperar a que abriese la clínica de especialidades médicas que hay en mi calle, donde la ATS encargada de las extracciones le dijo que ella no podía ayudarle y que se fuese corriendo al hospital. Así que de ahí se fue al ambulatorio, donde, esta vez sí, le cogieron y le llevaron ellos mismos... al hospital.
Cuatro días después de los primeros síntomas, en el hospital, y según él mismo cuenta, le metieronn en un box y le llenaron de cables. Diagnóstico: que llevaba con un "infarto pequeño" desde el lunes.
Al poco rato, medicado y con unas cuantas recetas en el bolsillo, le dieron el alta. Antes de abandonar el recinto se vio obligado, eso sí, a expresar su enérgica protesta porque no querían ponerle una ambulancia para volver a casa. Así que, con el cabreo por no ver atendidas sus exigencias, y un supuesto infarto de tres días a cuestas, se hizo a pie los 3 km que separan el hospital de la calle en la que vivimos.
Ahora, para que nadie sospeche, le cuenta a la gente que tuvo que ir al hospital por un golpe de calor que se le complicó, que ha terminado durándole una semana y que le ha obligado a estar sin trabajar los dos últimos días de su contrato.
Y aquí estoy yo, intentando decidir cuál de las dos historias es más creíble: la del infarto de tres días o la del golpe de calor de siete...
Dice que a nosotros nos ha contado la verdad porque sabe que nos preocupamos por él. No imagina que no es preocupación lo que provoca que se nos ponga cara de marciano cuando escuchamos estas cosas que nos cuenta.
Tampoco imagina que yo voy a ser tan indiscreta como para publicar sus dolencias en la red. Puede que le gustase sentirse el protagonista de esta historia, pero no puede leerla porque, como ya os conté, los de las redes sociales le cierran los perfiles a los 15' de abrirlos.
Todavía no se sabe por qué, pero en esa dimensión desconocida está la causa de que hoy no asista a sus 5 minutos de gloria.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
domingo, 19 de marzo de 2017
Conspiración en Madrid. Relato de un trozo de vida.
En el mundo de la publicidad se le llama “trozo de vida” a
esos anuncios que nos cuentan un momento cotidiano en el que personajes y
situaciones ficticias remiten a realidades cercanas a la nuestra. Son pequeños
relatos del día a día en los que, a veces, tenemos la sensación de estar
mirando por una ventana indiscreta que tiene la particularidad de parecerse
mucho a la nuestra.
Y esa es, extrañamente, la sensación que yo he tenido al
leer Conspiración en Madrid, la primera
novela de Javier Juárez. Al pasar sus páginas, sentía que el autor me estaba
contando un “trozo de vida” que podría haber sido el de mis abuelos, el de mis
profesores, el de mis vecinos..., el de cualquiera que hubiese vivido, por azar
o a causa del destino, en el Madrid de los años 40. Y es extraño, porque la
base de la novela es una anécdota histórica que tiene como protagonistas a los
Duques de Windsor, personajes que no podrían estar más alejados de la realidad
de quienes ahora tenemos la oportunidad de leer este libro.
Pero sí, lo cierto es que Conspiración en Madrid, a pesar de la distancia social y temporal que
nos separa de estos personajes, consigue ser una novela cercana porque su
autor, Javier Juárez, describe los hechos de manera tan universal que podemos
sentirlos como algo propio. Para ello, se ayuda de personajes imaginarios que completan la narración y la convierten en un dibujo muy bien trazado de la España de la posguerra. Esta historia novelada es el relato de un día a día
extraordinario en el que lo cotidiano-ficticio se mezcla con lo cotidiano-histórico. Es un cruce de caminos en el que la historia social se encuentra con
la historia política para, de la mano y de manera perfectamente equilibrada,
describir un episodio del pasado que, hasta ahora, se había considerado algo
anecdótico.
Los Duques de Windsor, y su paso por Madrid y Lisboa en el
verano de 1941, le sirven a Javier Juárez para describirnos un trozo de vida en
el que se condensa toda una época. Con una prosa sencilla y cercana, conocemos varios
mundos distintos unidos en un espacio-tiempo limitado. La vida de posibles seres
reales (en la novela imaginarios), se mezcla con la irrealidad simbólica de
personajes auténticos y nos lleva a conocer un período en el que todo estaba
dado la vuelta.
Conspiración en Madrid
es una novela que nos habla de sentimientos que se encuentran y desencuentran, para unos y para otros. La novela habla de amor, de desamor, de abandonos, de encuentros, de
renuncias, de traiciones, de culpa, de compromiso, de sacrificio, de
agradecimiento, de pérdida, de búsqueda, de desolación, de esperanza, de
riqueza, de pobreza, de poder, de sumisión, de arrogancia, de humildad… Y lo
hace en un tono tan universal que resulta inevitable sentirse identificado con
esas emociones, unas veces intensas y otras muy tibias, pero siempre
perfectamente reconocibles.
Es una novela perfecta y absolutamente recomendable para
todos los que tenemos interés en conocer cómo fue la historia de la España del
siglo XX. Quienes, como yo, crecimos en una época en la que se ocultaba el
pasado más reciente, estamos ansiosos por conocer estos trozos de vida que van añadiéndole
luz a los años de la posguerra.
Debo decir, además, que este libro se me ha hecho corto, tal
vez porque pone en evidencia la gran cantidad de historias que aún esperan ser descubiertas y contadas.
Ya estoy esperando a que Javier Juárez nos descubra la
siguiente.
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