miércoles, 6 de septiembre de 2017

Historias del portero de verano: el infarto.

     No me resisto a contaros la última historia del portero de verano, el de siempre, que este verano afirma haber tenido un infarto que le ha durado más de tres días. Ocurrió la semana pasada.

     El lunes sintió un fuerte dolor en el antebrazo izquierdo, pero no hizo caso a los vecinos que le decían que se acercase al hospital. El martes el dolor se le extendió al hombro, pero decidió que tenía que seguir trabajando y no escuchó a los porteros de los otros números, que le decían que se fuese al hospital. El miércoles el dolor le inmovilizaba ya todo el costado, pero acabó su jornada y siguió sin hacer caso al presidente, que le insistía en que se fuese al hospital.

     El jueves, a las siete de la mañana, consciente ya de que "igual" tenía que mirárselo, se fue a la Cruz Roja. Allí le dijeron que no podían atenderle y que se fuese al hospital. Prefirió esperar a que abriese la clínica de especialidades médicas que hay en mi calle, donde la ATS encargada de las extracciones le dijo que ella no podía ayudarle y que se fuese corriendo al hospital. Así que de ahí se fue al ambulatorio, donde, esta vez sí, le cogieron y le llevaron ellos mismos... al hospital.

     Cuatro días después de los primeros síntomas, en el hospital, y según él mismo cuenta, le metieronn en un box y le llenaron de cables. Diagnóstico: que llevaba con un "infarto pequeño" desde el lunes.

     Al poco rato, medicado y con unas cuantas recetas en el bolsillo, le dieron el alta. Antes de abandonar el recinto se vio obligado, eso sí, a expresar su enérgica protesta porque no querían ponerle una ambulancia para volver a casa. Así que, con el cabreo por no ver atendidas sus exigencias, y un supuesto infarto de tres días a cuestas, se hizo a pie los 3 km que separan el hospital de la calle en la que vivimos.

     Ahora, para que nadie sospeche, le cuenta a la gente que tuvo que ir al hospital por un golpe de calor que se le complicó, que ha terminado durándole una semana y que le ha obligado a estar sin trabajar los dos últimos días de su contrato.

     Y aquí estoy yo, intentando decidir cuál de las dos historias es más creíble: la del infarto de tres días o la del golpe de calor de siete...

     Dice que a nosotros nos ha contado la verdad porque sabe que nos preocupamos por él. No imagina que no es preocupación lo que provoca que se nos ponga cara de marciano cuando escuchamos estas cosas que nos cuenta.

     Tampoco imagina que yo voy a ser tan indiscreta como para publicar sus dolencias en la red. Puede que le gustase sentirse el protagonista de esta historia, pero no puede leerla porque, como ya os conté, los de las redes sociales le cierran los perfiles a los 15' de abrirlos.

     Todavía no se sabe por qué, pero en esa dimensión desconocida está la causa de que hoy no asista a sus 5 minutos de gloria.

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