martes, 31 de enero de 2012

La película que vi ayer (I): LA VIDA EN UN HILO (1945), de Edgar Neville.

   El día que decidí comenzar este blog pensé que iba a ser un buen ejercicio de escritura, pero me equivocaba. Apenas encuentro anécdotas o cotilleos susceptibles de llenar unas pocas líneas. Y como no quiero abandonar mi propósito de escribir algo, aunque sólo sea de vez en cuando, he terminado por aceptar una idea que llevo tiempo rechazando: la de contaros qué película vi ayer.
   Esta idea, como casi todo lo que hacemos en esta vida, no es nada original. Me la sugirió mi compañero José Luis al hilo de aquellas series de “Favoritos” que colgaba cada día en mi muro de Facebook.
-          ¿Por qué poner todo esto en una red social? – me decía.- ¿Por qué no en un blog?- 
-          Pues porque en ese caso tendría que escribir algo para acompañarlo.
   Acabáramos. Él calló y yo me di cuenta de lo burra que soy. ¡Claro que hay que escribir! Pero de eso precisamente se trataba, ¿o no?
   Así pues, hoy comienzo esta nueva serie que tal vez tenga sólo esta entrada. Es probable que la pereza vuelva a vencerme cuando ponga el punto final a la historia de hoy y que, como tantas otras cosas de las muchísimas que empiezo, esta se quede sin desarrollo.
   Pero al tema. ¿Y qué película vi ayer? En realidad ninguna. Empezamos bien. Ayer tocaba serie, pero da igual. Voy a aprovechar para introducir el ciclo de “Edgar Neville” que nos hemos estado marcando en las últimas semanas. Llevaba mucho tiempo deseando volver a ver las películas de Neville. Recuerdo que tuve ocasión de verlas hace años, probablemente en algún ciclo de La 2, y que me causaron muy buena impresión. Esto debió de ser hace ya como veinte años, porque al ver las películas he descubierto que no me acuerdo de nada… De ahí la necesidad de volver a repasar la trayectoria de este cineasta.
   “La vida en un hilo” es una comedia del año 1945 en la que Edgar Neville sugiere que el azar puede llegar a ser de lo más cómico. Una joven viuda coincide en un tren con una adivina que, con la intención de hacer más ameno el viaje, decide contarle a la chica cómo ha sido su vida en los últimos años. No sólo eso, sino que le narra el momento en el que conoció a su marido y el modo en que, en aquel mismo instante, la casualidad hizo que dejase escapar a otro hombre, a un segundo desconocido, que podría haber sido el amor de su vida. A partir de ese momento la adivina narra las dos vidas, la real y la probable; el matrimonio que ha llevado su compañera de viaje y el que podría haber vivido al lado de ese otro hombre.
   Sencillo argumento, plagado de guiños surrealistas y "greguerías", para una entretenida película que nos habla sobre lo que pudo haber sido y no fue. O tal vez sobre lo que todavía está por venir.
   Existen otras películas que giran en torno a este argumento, pero a mí esta es la que me parece más sorprendente. Nunca deja de asombrarme que los ciudadanos de todas las épocas nos hagamos las mismas preguntas, una y otra vez, sin reparar en los mensajes que otros nos han ido dejando en el camino.
   Para terminar, y aunque soy consciente de que no he hablado casi nada de la película, pasaré a explicar que voy a intentar cerrar esta serie con una simple calificación de lo que me ha parecido la obra en cuestión. Para eso voy a utilizar el criterio que tengo en vigor desde hace unos meses, y que no es otro que el del sueño que me entra cuando estoy delante de la tele. Y, recordando de nuevo a José Luis, diré que voy a actuar a semejanza de “Cándida”, la crítica de cine de los programas de “Gomaespuma”, y voy a valorar las películas en función de si “me dormí” o de si “no me dormí”.
   Y con esta no, ¡NO ME DORMÍ! Es una gran película.

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