Hace años mi buen amigo Lucio Blanco me
recomendó la lectura de un poema de José Hierro al que he acudido muchas veces,
pero que en los últimos tiempos se ha convertido en un espejo en el que nos
miramos muchos de nosotros. Se titula Vida y yo lo interpreto como la
descripción de un fracaso que algunos llevamos alojado en el corazón. Es la
expresión del sentimiento de frustración que hoy vivimos los que nos hemos
pasado años formándonos, trabajando gratis, compaginando varios empleos
precarios para salir adelante, estudiando idiomas porque nos iban a hacer falta, madrugando para hacer cursos con los que completar el currículum,
pasando noches sin dormir para terminar encargos gratuitos que supuestamente iban
a mejorar nuestro perfil, renunciando a vivir el presente para tener un futuro
que nunca va a llegar…
Y ahora, todos aquellos que nos dejamos
convencer por semejantes propósitos, vemos que ninguno de nuestros esfuerzos
tiene la más mínima utilidad. No han servido absolutamente para nada porque,
después de haber renunciado a nuestros sueños por cumplir unas normas en las que
nunca creímos, vienen ahora los que las inventaron y nos dicen que ya no, que
las cambian todas y que volvemos a un sistema en el que el único mérito que
sirve es el de ser hijo de, o primo de, o puta de…
Y para los demás, no queda nada. Así es la
vida.
VIDA
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!"
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!".
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!"
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!".
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
José Hierro
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