domingo, 23 de febrero de 2014

La historia del notario.


     Mes de de enero. Una academia cualquiera de una provincia cualquiera. Reciben el aviso de que la Administración va a sacar a concurso unos talleres de formación y deciden presentarse. No tienen profesores para los cursos en cuestión porque nunca se han encargado de esa especialidad, de manera que se ponen a buscarlos… con calma. Tic-Tac. Hay prisa, pero tienen muchas cosas que hacer y parece que esta no es prioritaria. 

     Primera semana de febrero. Recibo su llamada, me proponen colaborar con ellos y me dicen que el plazo de presentación del proyecto termina en unos días. Me envían un esquema cerrado de los contenidos que tendría que impartir. Viene a ser algo así como reescribir la Biblia en verso. Me pongo rápidamente con ello y al día siguiente les envío dos proyectos distintos en los que les explico por qué el temario que proponen no se puede impartir y les ofrezco una alternativa. Tic-Tac. No contestan. 

   Pasa la semana de plazo y me olvido. Doy por hecho que han decidido no presentarse al concurso. Nada más lejos de la realidad. Diez días más tarde me vuelven a llamar, a primera hora de la mañana, y me dicen que han revisado mis dos propuestas y se han quedado con la más difícil de llevar a cabo, la que más se ajusta a los requerimientos de la administración, la misma que según todos los criterios profesionales y docentes es imposible de desarrollar. Les vuelvo a explicar la dificultad de los contenidos y les comento que lo único sensato es optar por la segunda propuesta. No están de acuerdo porque no saben nada de la materia y apuestan por darle al ofertante exactamente lo que pide, aunque sea la luna. Yo, que estoy en paro, callo, otorgo, y pienso que ya encontraré la manera de llevarlo a cabo. Algo se me ocurrirá. Me vuelven a decir que tienen unos días para presentarse al concurso. ¿¿?? Tic-Tac. Este reloj debe de estar averiado. Hemos vuelto atrás en el tiempo.

   En esa misma llamada que, como decimos, es urgente, me dicen que necesitan mis títulos compulsados. Yo no me puedo desplazar hasta esa provincia, así que les digo que no hay manera. Quedan en enviarme un correo en ese mismo momento con toda la información de lo que necesitan y de lo que podríamos hacer. Tic-Tac. Me centro en ello para intentar prepararlo todo cuanto antes. Tic-Tac. ¿Se ha vuelto a estropear el reloj? Se les olvida escribirme.

   Me paso todo el día esperando. Otro. Otro… Y al cuarto día, a última hora de la mañana, decido llamar yo misma para ver qué es lo que pasa.
---------------
          - Riiing. Riiiing.
          - Academia “Pitiplín”, ¿dígame?
          - Hola, buenos días, soy Pepita.
          - ¿Pepita quién?
          - Pepita, la del curso. Hablé contigo hace cuatro días a primera hora de la mañana y 
             me dijiste que me ibas a enviar una información urgente.
          - ¿Conmigo? Conmigo no. ¡¡¡MANOLIIII!!! ¿HABLASTE TÚ HACE CUATRO 
             DÍAS CON PEPITA QUIÉN? ¿NOOO? Uy. Espera. Qué tonta. Jajaja. Ay, sí, 
             Pepita Quién, fui yo quien te llamó. Se me había olvidado enviarte la información 
             urgente. Ahora te la envío porque mañana mismo tengo que tener aquí tu título 
             compulsado.
          - Ya, pues va a ser imposible, porque a ver dónde me compulsan el título 
             de aquí a mañana..., pero si ya son casi las dos. He consultado en varias 
             administraciones me dicen que sólo me ponen el sello si se quedan ellos 
             con la copia. Que si necesito llevármela, entonces no me lo compulsan. 
             Además, estoy trabajando fuera de Madrid y tampoco puedo ir a la universidad
             en la que estudié, que ahí sí que me lo compulsarían previo pago. Tendríamos que 
             esperar tres o cuatro días porque antes no puedo. De manera que me temo que 
             es del todo imposible que lo tengáis mañana.
          - Ay, bueno, tiene que haber una solución, porque esto es urgente.
          - (¿¿¿??? Silencio. Pensamiento de rayos y culebras).
          - Espera, que te envío ahora mismo el correo urgente y ahí te lo digo.
          - (Oooohhhhmmmmmggggggggggggg. Pensamientos de destrucción. 
             ¡¡Que me envía ahora el correo urgente que tenía que haberme enviado 
             hace cuatro días!! Ooohhhmmmggg. Mejor pienso en lágrimas).
          - (Elipsis. Despedida y más de lo mismo).
---------------

   Cinco minutos más tarde recibo un correo que dice lo siguiente:
Estimada Pepita Quién:
Estamos viendo el tema de las compulsas y se nos ha ocurrido una solución. Un notario. Nosotros lo abonamos. Lo único que sólo compulses el título, el resto mándanos fotocopias.
¿Podrías hacer esto? Así sería mucho más fácil. Me llegaría en un día o dos y no habría problema.
(Bla, bla, bla, atentamente, bla, bla, bla).


   Les contesto con educación mientras pienso en mandarles a la porra. Estoy en el paro y en principio no debería rechazar ninguna oferta de empleo, de manera que este jarro de agua fría me bloquea los circuitos.
   
   A ver. Que alguien me explique lo siguiente: ¿por qué tengo yo que hacer malabares para que una academia se presente a un concurso con un proyecto imposible? Y si luego no se lo dan (que es lo más probable porque no quieren atender mis sugerencias sobre el contenido), ¿qué hacemos entonces? ¿Es razonable que una academia especializada en jardinería pretenda dar cursos de costura? Y si así es, si lo que buscan es ampliar su línea de negocio, ¿no deberían atender a las indicaciones de los profesionales? 

   Por otro lado, ¿alguien en su sano juicio considera razonable estar mintiendo todo el rato al que va a ser tu empleado? ¿Qué es exactamente lo que me estáis pidiendo? ¿Y cuál es la fecha de presentación? ¿Es mañana? ¿Era hace una semana? ¿Es la semana que viene?

   Si me omites datos que son de vital importancia para la organización de mi trabajo, y además te olvidas de enviarme la información urgente, y además no haces caso a mis sugerencias... ¿cómo se te ocurre pedirme que vaya a un notario para que me compulse el título y tu proyecto se convierta en el más legal de todos? ¿Pero de verdad pensáis que eso del notario es entrar, sellar y marcharse?  ¿No sería más lógico que me hubieseis pedido toda esta información hace un mes? No, claro. Queréis jugar con ventaja. A mí no me dais los datos, pero sí me pedís que corra para que vuestro equipo sea el ganador.

   Me planto. Aquí, o corremos todos, o pincho la rueda de la bici. No me importa que, de nuevo, me incluyan en el grupo de los parados que no queremos trabajar. Así no. Estoy perdiendo el sentido del humor y no me hacen gracia estas bromas tan divertidas.

   Mira. Que impartan ellos el curso. Y, si no saben, pues eso, justo lo que estáis todos pensando: que llamen a un notario. 

   O a dos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario