Siempre he pensado que en el arte y en la ciencia, como en la vida, las casualidades no existen. Los descubrimientos surgen cuando la gente los busca y, aunque las patentes se registran con nombres y apellidos, casi todos los inventos son el fruto de aspiraciones colectivas y conocimiento colaborativo.
Ocurre lo mismo con las historias y, por eso, a veces en un mismo año se estrenan películas de temas similares y con puntos de interés muy cercanos. Teniendo esto en cuenta, ¿por qué no ver esas películas juntas?
Recuerdo que, cuando era pequeña, todavía íbamos al cine a ver películas en sesión doble. Hace años ya, sí, muchos, pero antes las películas se veían de dos en dos.
En la tele de hace tiempo, además, tenían la costumbre de programar las películas en "ciclos". Cada semana, durante meses, podíamos ver una película de la filmografía de Ava Gadner, o de Paul Newman, o de Rita Hayworth, o de Montgomery Clift, o de Alfred Hitchcock, o de Marlon Brando... Cada semana la tele nos premiaba con una obra de un mismo actor o director y nos convertía en afortunados espectadores que veíamos películas y aprendíamos historia del cine al mismo precio. A la sazón, gratis.
Así que, si tenemos tiempo, ¿por qué no ver las películas a pares y en un contexto? ¿Por qué no relacionar dos títulos y montarnos una tarde temática de cine? ¿Queréis que lo intentemos?
Os hago una primera propuesta. Esta es dura y cultureta, especialmente dedicada a los amantes del arte. Porque ojo, si no te gusta el arte, a lo mejor estas películas te aburren mucho, pero mucho-mucho-mucho.
Pero si os gusta el arte os propongo que, para empezar nuestro ciclo de "películas a pares", veamos Turner (2014), de Mile Leigh y Effie Gray (2014), de Richard Laxton.
Se trata de dos interesantes propuestas que, más allá de la historia que narran, reflejan a la perfección la época, la atmósfera y el color que caracteriza a dos importantes pintores del siglo XIX.
La primera, como su propio título indica, nos acerca a los últimos años de la vida de William Turner, pintor paisajista que, en sus cuadros, nos regaló un nuevo modo de entender la luz, el color, la forma e, incluso, las impresiones que un paisaje es capaz de generar en el espectador.
La segunda, como también indica su título, narra un fragmento de la vida de Effie Gray, esposa del teórico y crítico de arte John Ruskin y, posteriormente, de John Everett Millais, ambos figuras imprescindibles del Prerrafaelismo.
Las dos películas son, como veis, obras biográficas sobre personajes que jugaron un papel fundamental en la pintura y el arte inglés del siglo XIX. Pero les une, además, el interesante retrato de las sombras que arrojan sus protagonistas. Más allá del arte, de la luz y del pensamiento, se esconden seres que pueden llegar a ser mezquinos y despreciables. Y esa es, también, una parte importante de estos relatos.
Detrás de un gran pensador, de ese que es capaz de revolucionar los dictados teóricos de toda una época, y de dejar plasmada su obra en más de 250 libros, detrás de ese teórico admirable, puede esconderse un ser humano detestable.
De la misma manera, detrás de un artista con una sensibilidad tan acentuada como para conmover únicamente con una pincelada, te puedes encontrar con un sujeto de mal carácter que ladra y muerde a cualquiera que ose acercarse más de lo necesario.
Así es el ser humano, capaz de crear obras de una belleza que te deja sin respiración y, al mismo tiempo, de hacer infelices a todos los que le rodean. El bien y el mal en una lucha eterna, en lo general y en lo concreto, en lo social y en el propio individuo. Estas películas, consciente o inconscientemente, nos muestran la inclinación que tiene el mundo a generar dualidad y desequilibrio como condición para que surjan obras que se acercan a lo sublime. ¿Puede existir lo uno sin lo otro? Ni idea. Ya me lo contaréis vosotros.
Así que, si os gustan los bio-pics, o las películas de época, o si sois fans de Turner, o de Millais, o de los prerrafaelistas, o si os habéis empapado del pensamiento de Ruskin, o si queréis ver los impresionantes paisajes de Escocia, o si, simplemente, queréis pasar la tarde ante dos películas de ritmo lento (casi pictórico), y gran belleza, entonces podéis sentaros y abrir vuestra mente para intentar entender a estos personajes tan importantes y, a la vez, o tal vez por ello, tan controvertidos.
Ahh, y un plus: Mr. Turner incluye una secuencia maravillosa en la que un daguerrotipista le cuenta al pintor cómo funciona su cámara. No os la perdáis.
Feliz sesión doble.


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