Empecé a
trabajar en televisión en el año 96, en Informativos. Era becaria. No había
cumplido aún los 23 años y no tenía ni idea de la vida, ni de la profesión, ni
de nada… Ya era licenciada en Comunicación, pero empezaba a aprender de verdad, entonces,
de la mano de muchos y grandes profesionales.
Como me cuesta
un poquito quedarme sentada, confieso que los días en los que no pasaba nada
importante (y eran unos cuantos), me aburría. Me aburría mucho. Sumarios,
entradillas, colas, mapas… y otra vez sumarios, entradillas, colas, mapas… y
espera. Muchas horas de espera. La monotonía del día a día me sugería que, al
final, a lo mejor lo de trabajar en televisión no era para tanto: ni emoción,
ni carreras por los pasillos, ni nada que celebrar. Sólo rutina y aburrimiento.
Y entonces un
compañero, José Luis, me dijo algo que nunca voy a olvidar, algo muy sencillo: “Relájate
y no le des más vueltas. Asume que te pagan por esperar. Y cuando el momento
llegue, vas a entender el porqué”.
Y así fue.
En aquellos
años, Eta seguía matando. Viví en Informativos la liberación de Ortega Lara, la
muerte de Miguel Ángel Blanco y varios atentados en las calles de Madrid. Desde otros departamentos, y durante muchos años, seguí lidiando con la
retransmisión de sucesos de todo tipo, incendios inesperados, celebraciones, jornadas
electorales, el estallido de la Guerra del Golfo y el miserable 11M. Y en todos
y cada uno de aquellos momentos recordé y entendí las palabras de José Luis. Mi papel era estar ahí, preparada, para cuando fuese realmente necesario.
En los años en
los que la televisión era de todos, si algo ocurría en el mundo, sus profesionales se volcaban y se ponían al servicio de la noticia. Estuviésemos
donde estuviésemos, todos corríamos a nuestros puestos de trabajo. La
información era lo primero y estar ahí, ofreciendo ese servicio público a los
ciudadanos, era lo único importante.
Participar en
la elaboración y difusión de la información nos hacía sentirnos, también,
partícipes de la Historia. A la pregunta de “tú dónde estabas cuando sucedió
tal”, podías contestar que habías estado ayudando a contar la noticia. Tu
profesión, de repente, cobraba un sentido especial. Tu labor anónima de un día
justificaba cada minuto de tu profesión.
Aquello
funcionaba porque las televisiones sabían cuál era su papel en la sociedad. Eran
conscientes de la importancia de mantener informados a los ciudadanos. Sabían
que, cuando algo sucede, los espectadores ponemos la televisión para conocer la
última hora de la información.
Por eso mismo,
los periodistas se acompañaban en los platós de analistas serios y bien
informados, invitaban a colaboradores de alto nivel, capaces de poner orden en
el caos, de aclarar los conceptos y de ayudar a entender lo que estaba
ocurriendo. Si algo sucedía, ellos también estaban ahí para dar servicio a los espectadores.
¿Qué es lo que
pasa ahora? Pues que las televisiones han matado el concepto de Servicio al
Ciudadano. Ya nada importa. R.I.P. Y, por si eso fuera poco, tampoco hay profesionales que
puedan activar los protocolos de emergencia informativa.
Repasemos sólo algunas de las cosas que pasan, hoy en día, en las empresas de televisión:
- Ya no hay equipos de emergencia que puedan hacerse cargo de un informativo imprevisto. Mantener en alerta a un grupo de profesionales cuesta dinero y hace mucho tiempo que esa dedicación ya no se paga.
- Tampoco hay técnicos que abran los estudios por el cambio en los modelos de contratación. Ahora se contrata a muchos trabajadores por horas. Los cámaras, técnicos de sonido o iluminadores no pueden ir corriendo a ayudar a abrir un plató porque no son parte de ninguna empresa. A muchos se les llama para que vayan a trabajar cuatro o seis horas a la semana y a través de una ETT. No están legitimados para ofrecerse a ayudar a una televisión a la que ni siquiera pertenecen.
- Los puestos de responsabilidad de los Servicios Informativos están ocupados por sujetos que han convertido las redacciones en gabinetes de prensa del partido de turno. No están preparados para cubrir informaciones en momentos de crisis porque lo único que saben hacer es elaborar propaganda. De informar de la actualidad no tienen ni idea, y eso se nota.
- Con los colaboradores sucede lo mismo. Se ha desplazado a los expertos y se les ha sustituido por “opinadores” políticos. Las mesas de debate son tertulias de propaganda y los que participan en ellas no están a la altura de una información de alto nivel. No saben gestionar las fuentes y sustituyen sus carencias por opiniones inválidas, informaciones falsas y especulaciones.
¿Cuál es la
consecuencia de todo eso? Que Europa sufre el atentado más grave de esta década y los
ciudadanos, al poner la televisión para saber qué es lo que está pasando, nos encontramos con
el "sálvame", el "cántame" y el "miénteme". Nada de información veraz. El único canal
que ofrece la noticia es, precisamente, el de todo noticias. Pensar en darle mérito a este último por informar me parece, cuando menos, ridículo, dado que la información es
lo único que justifica su existencia. Seamos serios. Si en la tarde de ayer el “24 horas” no hubiesen
dado la noticia, habría que haber cerrado directamente el canal y la empresa
entera.
En su mesa de
análisis, un grupo de colaboradores insuficientemente informados se dedicaba a
ofrecer datos discutibles y no contrastados, pasaba por alto declaraciones
importantes y daban salida a noticias falsas que estaban circulando por Internet. Y por si todo esto no fuese lo suficientemente vergonzoso, se ponían ya a criticar a
los partidos de la izquierda por las posibles declaraciones que iban a hacer hoy.
Todo penoso y realmente lamentable.
Al horror y la
consternación que siento ante la noticia de la masacre en París, se une la
tristeza por la muerte del Periodismo. Ya está. Por fin los políticos han conseguido destruir al Cuarto
Poder. Nos tienen donde querían: neutralizados y fuera de juego. Otra guerra que hemos perdido.
Cientos de
profesionales formados y con experiencia observan atónitos el proceso desde su sofá, desempleados y expulsados de los medios. Muchos de ellos, entre los que me
encuentro, hoy echamos de menos poder volver a ser aquellos sujetos anónimos
que ponían su granito de arena para sacar adelante la información. Rompe el
alma saber que esa función social, tan útil y necesaria, ya no existe.
Amigos, el Periodismo
de Servicio Público ha muerto.
Acostumbrémonos
a la nueva televisión, al imperio de la demagogia, al pensamiento único y a la
propaganda.

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